Falló el intelecto
No hace un mes aún de la finalización del Campeonato del Mundo, y en la calle, en las charlas de café, ya no se habla más del mismo. Es natural, así de poco dejó desde el punto de vista futbolístico el torneo ecuménico.
Que el cansancio, que las lesiones, que el lugar donde se jugó; en fin hemos ensayado una parva de explicaciones para el paupérrimo nivel.
Pero resulta que dos semanas después de terminado el mismo, en Sudamérica, aquí en nuestro maltratado y sangrante continente, el campeonato de clubes más importantes que hay, se reanuda con la disputa de las semifinales y ¡oh! sorpresa, nos encontramos con partidazos espectaculares.
Olimpia, la semana pasada le ganó a Gremio, en Asunción, en un partido que fue jugado con una categoría superlativa, y encima tuvo cinco golazos.
San Caetano, mientras tanto se despachó de local con un dos a cero sobre el poderoso América mexicano y luego lo eliminó en el mismísimo Azteca, al empatar uno a uno, en un encuentro vibrante, de notable ritmo, actuaciones individuales que merecieron que nos levantemos de nuestras sillas para aplaudir.
Quiere decir, que el fútbol no está tan mal como el Mundial nos pretendió mostrar. Planteo una hipótesis: lo que falló fue el intelecto. Fue la intelectualidad del fútbol. Cuando digo intelectualidad, no me refiero a pensadores, ni quiero revivir a Onetti o Borges, para ponerlos a hablar de fútbol o para que le encuentren una solución. Entiéndase por intelectualidad del fútbol, a la idea, a la manera de pensar el juego que predominó en los técnicos durante la Copa.
El miedo, el temor, la necesidad de conseguir seguridad, el pobrísimo concepto de riesgo con que se vivió por técnicos y jugadores ese mes, es en mi opinión la causa primera de lo que se vio. O de lo que no se vio, en realidad.
El temor los paralizó. A casi todos.
Y ese miedo disparó en sentido unívoco el pensamiento de los técnicos: a defenderse, que se acaba el mundo.
Porque es verdad lo de las lesiones, es cierto lo del cansancio, pero hubo equipos que corrieron hasta el imposible, que lo hicieron detrás de la idea de destruir, de no dejar hacer, de impedir, nunca de jugar, jamás de crear, de ir hacia delante.
No hubo ni claridad conceptual, ni grandeza intelectual, ni inteligencia, que generara ideas capaces de combatir las ataduras provocadas por el miedo a perder.
El miedo es una manifestación emocional que inhibe, que actúa como paralizante. Pues bien, lo que hace falta es inteligencia, valor, coraje, para convivir con el temor, impidiendo que esta emoción nos lleve a la parálisis colectiva.
Muy pocos pudieron hacerlo. Y naturalmente a los que les salió mejor fue a los brasileños. Desinhibidos por naturaleza, escaparon del efecto estatua y terminaron siendo Campeones del Mundo.
Porque además, obviamente, tienen con qué expresarse, una vez que rompieron amarras. Eso; jugar bien al fútbol es lo primero. Está claro.
A muchos que también han mostrado que saben jugar, en este caso les falló la capacidad intelectual.
Porque resulta que ahora, un muchacho de cabeza rapada, uruguayo él, de apenas 23 años, la «rompe» en el más alto nivel continental. Orteman, de él hablo. Senna, un cinco brasileño, que la deja chiquitita «así», Duilio Davino, un mexicano con prestancia de crack, Anderson Polga, el líbero «gaúcho», están brillando en estas tierras. Están jugando al fútbol, muy pero muy bien.
En todos los casos, nadie puso la carreta delante de los bueyes, pero nadie se olvidó que si a las carretas les ponemos bueyes es para que vayan hacia delante, es para que avancen. O sea nadie se dejó atar por los miedos y la inmediata idea de defender, de cuidar, de no arriesgar.
El que ganó festeja, y el otro, como siempre a llorar al cuartito y a repasar errores. Simplemente eso, sin embargo en el mundial, lo que vimos fue tanto miedo a tan poca cosa.
Un intelecto chato, sin vuelo, sin coraje, apenas dejó el recuerdo de algo muy pobre. Pero eso sí, por más que defendieron y defendieron, solo ganó uno. Como siempre. Parece tan sencillo. Pero lo que «natura non da, Salamanca non presta». *
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