Fútbol azaroso con mucho cosmético
La consagración de Brasil sin exponer un fútbol espectacular, reconforta en su intención dentro de un orden táctico, donde sobresalía la acción de sus zagueros sobre-cargando el trabajo defensivo. Apostando al contragolpe donde la dependencia del control de la pelota, valencia fundamental y clásica de los equipos norteños, modifica su postura natural para realizar un pressing, donde lo básico era recuperar la guinda. Desvirtuando pero corroborando que muchas veces un cambio inteligente también fundamenta triunfos trascendentes.
Particularmente este partido final donde el que hacía el primer gol ganaba, el error del portero alemán confirma una vez más que la virtud es importante pero la suerte es fundamental. Los goles del consagrado Ronaldo fueron en su mayoría dictados por su instinto que por jugadas elaboradas, mostrando una contundencia formidable que a este nivel se magnifican y resultan de una importancia irrefutable.
La no participación de Holanda en el torneo, dejó expuesto lo mal estructuradas que resultan las eliminatorias clasificatorias y el pésimo fixture, donde la eliminación de Argentina, Uruguay, Inglaterra y Senegal muestran una clara debilidad de los que participan en el desarrollo final del campeonato. Desvirtuando las formas de antagonismos convenientes, donde se logre potenciar el torneo en la culminación del mismo.
También se confirma la participación de equipos locatarios en los cuartos de final, por esta razón, instrumentar una metodología apropiada y justa reconciliaría los planos convencionales, donde sólo los mejores tendrían posibilidades de acceder al podio.
Cuando escribimos de un fútbol cosmético, nos referimos al entorno tan especial que registró este mundial, seguramente que el entusiasmo fue de la tribuna hacia la cancha, cuando la naturaleza del espectáculo marca que debe ser a la inversa. Quizás nunca más se encontrarán con un público tan receptivo, como tampoco nunca más las circunstancias serán las mismas. Si el espectáculo es malo, los aficionados dejarán de concurrir, creemos que a la FIFA se le están terminando los curros, los inocentes asiáticos difícilmente repetirán este récord de asistencia.
Se deberán enaltecer los encuentros futbolísticos para entonces sí convocar una aficción sensibilizada por el buen juego.
Por último, nuestra participación, donde apenas nos dejaron acercar a la ventana, también nos sirvió para corroborar que no estamos tan lejos.
El período de transición de un campeonato mundial a otro significaban apenas cuatro años para los orientales, estos doce años de abstinencia mundialista pasará a ser un triste recuerdo, si dejamos de lado este todos contra todos, que confunde y desconcierta sí buscamos en la vieja solidaridad de los uruguayos, seguramente encontraremos las respuestas por todos deseadas.
Sí por el contrario, estas luchas desgastantes, este poner cargadores a la gente sin propósitos reales, sólo servirá para seguir sufriendo constantes desilusiones, como decía nuestro querido Juan López: «Quedate quieto que te pasa enseguida», pero que no nos ataque la quietud 12 años más. *
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