El libro del Picaflor

-Picaflor, ¿cómo se la ingenió para conseguir información ayer, que fue una jornada de festejo patrio?

-¿Para que están los amigos?… El Picaflor trabajó un poco y los amigos cumplieron como siempre. Le acercaron información, algunos reaparecieron después de un largo silencio (por el Mundial) y preparó un menú muy sabroso para hoy.

-Cuente, cuente.

-El Mundial sigue jugándose en Asia pero en este rincón del mundo sigue surgiendo información relacionada con la selección nacional…

-Pero si varios colegas suyos, que fueron a Corea, dijeron que no pasó nada.

-¿Usted sabe lo que le ocurrió a Pinocho?

-Sí, por mentir le creció la nariz.

-Bueno, a los estimados colegas les puede ocurrir lo mismo. No puede ser que la gente que estuvo dentro del grupo, que convivió en la concentración y los hoteles donde Uruguay esperó los partidos de la Serie digan cosas y los periodistas digan que no pasó nada. Y el argumento que esgrimen, que ellos sólo pueden contar lo que vieron, no es válido. Los periodistas casi nunca informan lo que vieron. Las grandes noticias, primicias, son aquellas que tuvieron como protagonistas a otros actores y no a los periodistas… La reflexión es sencilla, la sola presencia de un periodista inhibe a la gente, por lo tanto basta tener buenas fuentes de información para que el cometido social del comunicador se cumpla.

-Hay gente que no se la juega nunca.

-Mire, un protagonista directo que convivió la estadía de la selección en Corea, le ratificó al Troquílido que la convivencia del grupo en la concentración fue literalmente un quilombo. «No se puede aspirar a que una selección tenga un buen resultado en un campeonato del mundo cuando el técnico y el preparador físico no se hablan», comentó el testigo de los hechos ocurridos en Corea.

-Justo es decirlo, hubo periodistas que se la jugaron y cantaron la justa.

-Hubo excepciones que confirmaron la regla. El Picaflor se reverencia ante ellos porque dignifican la profesión…

-¿Qué más le comentó su informante?

-Posta, posta. El comportamiento de varios futbolistas seleccionados fue vergonzoso. Empezando por el capitán Paolo Montero, siguiendo por Darío Silva y pasando por Federico Magallanes. ¡Vergonzoso!

Siga, siga que me interesa.

-Este testigo de los hechos ocurridos en torno a la selección en el Mundial, le confesó que un uruguayo viajó con su hijo desde Holanda para alentar a Uruguay durante el Mundial. El hombre viajó acompañado por su hijo porque éste quería sacarse una fotografía con su ídolo de toda la vida: Darío Silva. Con ese propósito, padre e hijo se hospedaron en un cinco estrellas en una de las sedes donde jugó Uruguay para tener la gran oportunidad de que Darío Silva satisficiera a su fan… En un momento, ídolo y fan se cruzaron en el lobby del hotel, el hincha le pidió al futbolista para sacarse la foto de su vida y el olimareño, olímpicamente, lo ignoró.

-¡Nooo!

-Sí señor, por eso El Picaflor ruega desde esta columna que los Paolo Montero, Darío Silva, Federico Magallanes, NUNCA más sean convocados para vestir la camiseta celeste. Esa camiseta tiene tanta gloria que no se merece que se la vistan uruguayos insensibles, acomplejados, mal educados.

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