El club de los caballeros celestes

JOSE URRUZMENDI

 

La vieja dinastía de futbolistas celestes salvó otra vez de la catástrofe a nuestra Selección.

Cuando nadie se imaginaba una mediana recuperación, luego de ese 3-0 contundente, desmoralizante y supuestamente irrebatible, cuando todo pintaba para una goleada de Senegal, el técnico de Uruguay, manotea desesperadamente el banco de suplentes, disponiendo la entrada al terreno de juego de Diego Forlán.

Y el pibe, dando razón a lo que ya a esta altura era un clamor popular, con todo su linaje a cuesta, nieto del inmenso «Nino» Corazzo e hijo de una de los mejores laterales orientales, Pablo Forlán, comienza a desplegar un estilo de fútbol moderno, dinámico, pleno de una sugestiva autoconfianza.

El conjunto oriental se contagia, aparecen los viejos duendes celestes, que todo lo pueden, y junto con la figura de Forlán, que se tira atrás por el sector derecho de nuestra defensa, marca, anticipa, sale jugando, encara y define con un golazo, digno del certamen que se disputa.

Paralelamente, Mario Regueiro, otros de los reemplazantes, que supuestamente iba a la «paliza» –ya estábamos abajo en el marcador– guapea, desborda y le pone quinta al equipo disponiendo de otra alternativa donde el moreno con una imponente velocidad, resulta incontrolable para sus marcadores.

Para complementar este panorama, Richard Morales, le pone al juego su particular grifa, mete, empuja, va a todas, hace un gol, le cometen el penal y erra un tanto que hubiera significado la clasificación, que a esta altura sería catalogada de milagrosa.

Fue empate 3-3, que nos elimina, pero también nos deja pleno de honor, ilusión y esperanza.

Y decimos honor porque el celeste restableció su viejo carácter y a impulsos emocionales revierte una situación poco creíble; decimos esperanza, pues es un cuadro de pibes con gran experiencia, que apronta para un próximo mundial con reales posibilidades.

Si dejamos de lado los intereses intencionados llenos de beneficios personales, los rencores y si el ceñirse la camiseta de los milagros es una consecuencia natural de actitud técnica y espiritual, donde los más aptos encuentren una convocatoria legítima y transparente, estaríamos ante un proyecto que podría culminar con una pretensión real de llegar a conquistar una copa del mundo de la categoría.

Pero hay algo muy claro y es que todos estamos sujetos a estos códigos duros que impone el fútbol: los que pierden se deben ir.

Y el técnico Víctor Púa está mostrando el camino, por lo tanto el presidente de la AUF debería, con un poco de decoro y con mucha discreción, ofrecer el adiós definitivo que permita a otros bien intencionados comandar un fútbol cansado de andar en banda.

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