Falsa alarma de explosión en el centro de prensa
En reiteradas oportunidades manejamos la información de que la seguridad es una obsesión para el comité organizador de la Copa.
Por lo tanto revisan cuanto paquete o persona que intente pasar a un local vinculado al Mundial. Con más razón en el centro de prensa de Seúl que está en un inmenso edificio llamado Coex Mall.
Ayer cuando intentábamos ingresar fuimos partícipes de un susto general, pero más aún el personal de seguridad, pues resulta que una funcionaria del centro de prensa se disponía a ingresar con una caja de masas, finamente decorada con un gran moño y una tarjeta dedicatoria.
La jovencita llevaba el obsequio, que en realidad contenía una broma de sus compañeros, según lo que pudimos hablar con ella cuando se repuso del susto, para una compañera de su sección.
Al llegar a los equipos detectores (puerta estilo aeropuerto), el paquete pasó por la máquina que observó el contenido sin problemas y la chica esperó del otro lado del mostrador. Resultó que al policía que debía entregarle su caja, se le ocurrió abrir también por las dudas el sobre de la tarjeta y fue cuando cuatro explosiones seguidas parecidas a los fuegos artificiales de los niños, sonaron en el amplio recinto que es sumamente sobrio.
El policía terminó cayendo de espaldas por encima de una cinta que marca un límite y su gorra unos metros más atrás, mientras que la chica coreana pegó un grito que retumbó en todo el edificio.
Todos nos asustamos debido a algo imprevisto, pero luego de unos segundos de sorpresa comprendimos que era una broma y comenzaron las carcajadas de los presentes.
El policía se incorporó, se acomodó la ropa, nos miró a todos y suspiró, lo que hizo que la risa continuara mientras hablaba en coreano pero no le entendimos.
Falsa alarma pero del susto no se olvida más. La chica explicó luego que ella no sabía nada y que por discreción por supuesto no abrió la tarjeta pues no era para ella.
El policía entendió inmediatamente, según nos decía la traductora de español, y le dijo que marchara. La vergüenza en el rostro tímido de la coreana era obvio, estaba roja como un tomate.
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