¿Dónde está el piloto?
JOSE URRUZMENDI
De una vez por todas deberíamos conocer el nombre de los responsables de estas continuas decepciones que tiene nuestro seleccionado.
En lo estrictamente futbolístico, no hemos pasado vergüenza con nadie, tampoco dejamos la impresión de ser un equipo timorato, falto de ideas.
De todos modos si no consolidamos una clasificación a la segunda fase, se lo pudimos atribuir a la escasa suerte, a la impericia en el momento de definir o fundamentalmente a un constante errar en los cambios y la integración del equipo.
Pero como aficionados comunes pretendemos saber dónde es que nuestro combinado entusiasma y por qué las proporciones de errar o acertar son permanentes.
Tenemos la sensación de que estamos muy cerca, pero paradójicamente también que estamos a una enorme distancia de los que supuestamente van a definir.
Físicamente notamos que el equipo no encuentra su punto medio, pues pasa de una mediana disposición competitiva, a una total impotencia física. Posteriormente se restablece y nuevamente cae en estos vacíos de energía, perfectamente constatables, hasta para quienes disponemos de un básico conocimiento en la materia. Pero en esta puntual situación, la responsabilidad tiene un solo nombre: el profesor Esteban Gesto.
Sin embargo, la parte técnico-táctica deja un alto porcentaje de dudas y todos descargan sus críticas en el bueno de Víctor Púa.
Pero los defectos del libreto tiene varios autores, dejando expuesto a desmesuradas críticas a un hombre honesto, con conocimientos más que demostrados, en una actividad tan compleja y que está sujeta a presiones intencionadas, de muy velados propósitos.
De una vez por todas pretendemos que el «comandante» o la «comandita», responsable/s de estos continuos infortunios deportivos, se establezcan con un perfil bien nítido, perfectamente identificable y que no sigan borrándose en los momentos de derrota, para aparecer oportunamente, ante algún triunfo aislado y fortuito, como el de la útima clasificación al Mundial.
Pese al deseo emocional de seguir a la otra ronda, la realidad nos marca que si no revertimos sustancialmente nuestra forma de jugar tendremos una eliminación inevitable.
Y si eso sucede seguiremos acostumbrándonos a «sacar del medio» y apelar a la milagrosa celeste con toda su mística a cuestas. Entendemos que definitivamente debe surgir la figura del «piloto», para que por lo menos podamos salvar con un mínimo de decoro, este aterrizaje celeste que está tan comprometido.
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