Como quería el Mariscal
Grito de guerra de Bella Vista. El Mariscal Nasazzi ha marcado de por vida a los papales y esa frase lo dice todo. Es un mandato del más grande.
El pasado miércoles en Maldonado, Bella Vista, lo recibió desde el cielo y no solamente cumplió con su legendario capitán sino que le agregó un fútbol académico y con golazos.
Estos fueron de todos colores: de cabeza, de empeine lleno y dos «globitos» del porteño Fleita.
Antes del partido, yo señalaba que este plantel de Bella Vista se merecía una victoria en la Copa. Más allá de la posición complicada en la tabla copera, los auriblancos habían realizado hasta el miércoles una digna participación en el máximo evento continental. Lamentablemente no se le habían dado los triunfos.
Fútbol académico
El cuarto gol de Bella Vista fue un poema. Veinte toques antes del golazo de Fleita. La jugada arrancó en el área del equipo del «barrio donde reina la alegría». Empezó Morán, luego Meijide y así fue un toque tras otro. Eso fue tenencia de la pelota, eso fue protagonismo, eso fue arriesgar y no tener miedo a perder, eso fue no dividir la «reina» con pelotazos improductivos. Todos esos toques con aroma a pesto para los bolivianos, terminaron en un verdadero golazo del «Lagarto» Fleita. Esa fue la propuesta del elenco del «Checo» Batista. Fútbol por el fútbol mismo.
Cuatro en el fondo, cada vez más jugador Pumar, cuatro volantes en curva. Por derecha Lemos, luego Gonzalo Romero, después Diego Meijide y finalmente el «Rodi» Falero.
Estos cuatro resultaron ser la manija del equipo. No fue uno solo, fueron los cuatro. Rodrigo Lemos con su cuota de talento, de calidad, Romero es el propietario del overol y es el que «raspa», Meijide cabeza levantada y remate de media distancia, cambio de frente y Rodolfo Falero sinceramente la dejó chiquita como pelota de ping pong.
Ellos fueron los «culpables» del gran partido de los puntas.
El Galgo y el Lagarto
Qué dupla. Imparables. Emanuelle está confirmando todo lo que uno avizoraba desde hace tiempo a esta parte. Sinceramente no me quiero apurar. No deseo arrebatar el asado, pero el muchacho de Libertad tiene todo para matar. Bien acompañado por Juan Ramón Fleita, pero por sobre todas las cosas jugando en dupla. Eso es fundamental para una doble punta de lanza.
Por momentos dio la impresión de que ambos hacía mucho tiempo que actuaban juntos.
El maragato hizo dos golazos en dos minutos. El primero de cabeza, elevándose, ganando en el fútbol de la azotea y colocándola en el ángulo superior izquierdo. El segundo fue una verdadera joyita, de bolea, con esa sensación intransferible que siente el jugador, cuando se llena el empeine con la «globa». La pelota entró con gran violencia en el mismo rincón que el primero.
Luego vinieron dos más, el pesto y la ovación que bajó desde las graderíos y que se trasladó por todos los rincones del país que estaba viendo el partido frente a los televisores.
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