¡¡¡Maradooo!!!
RUBEN OLIVERA
Uno intenta ser un hombre honesto, que procura pasar por esta vida, sin hacerle la puñeta a nadie, o, por lo menos, a la menor cantidad de gente posible.
Reflexión de Camilo José Cela, desaparecido Premio Nóbel de Literatura, que permanece totalmente vigente y revulsivo a través de su genial obra.
Periodista, literato, poeta, comprometido con su gente y su tiempo, este referente español de la Humanidad, polémico hasta el hartazgo, no renegaba de sus contradicciones y maldades, que, esto sí señalaba, entendía iban de suyo por su naturaleza que podía ser más fuerte que su razonamiento y lógica manera de vivir.
Contradicciones y maldades.
¿Quién tira la primera piedra?
Nadie. ¡Bah! siempre aparece algún careta que lo hace y, encima, pontifica y hace alarde de su presunto legajo y de lo que deben hacer los demás; sin tener en cuenta que, justamente en función de la naturaleza humana de cada uno de nosotros, se disponen los actos y actitudes que nos pueden llevar, más de una vez, a cometer tremendos disparates.
A despecho que nos tengamos por seres racionales y civilizados.
Por supuesto que también juegan su partido la educación y formación de cada individuo, sumado al entorno que se suma a todos los elementos que luego pueden explicar (o no) determinada conducta.
Y a la hora de tomar en cuenta las contradicciones que, seamos recurrentes, todos tenemos en mayor o menor medida, al margen de las maldades, surgen nítidamente algunos personajes que hacen a esta historia.
Cuando de utilizar se trata
En nuestra columna anterior mencionábamos la cercanía en el tiempo del próximo Mundial.
El torneo que se jugará por primera vez en el continente asiático.
Algo totalmente impensado décadas atrás, pero que se ha transformado en realidad, en función de esta era mediática globalizada y donde impera, justamente, el poder de los medios de comunicación, fundamentalmente la televisión, que bien utilizados serían de enorme valor para los pueblos del mundo, pero que sabemos bien, en su mayoría, actúan como factor negativo y al servicio de intereses de unos pocos y nada loables en su esencia.
Igualmente, surge la posibilidad de asistir desde el living, al gran acontecimiento del fútbol, buscando el solaz de la gran jugada, goles de todo tipo y color, la fiesta que genera la belleza del juego más fascinante e impredecible, junto a la exquisitez de los cracks de turno.
Sucesores de la corona que ostentaron en su testa los Scarone, Meazza, Leónidas, Ghiggia, Schiaffino, Puskas, Bobby Charlton, Pelé, Maradona.
Maradona, el último Rey, sumido en el mar de sus contradicciones y maldades, aumentadas por esa máquina de picar carne humana que es la comunicación mediática, aterradora en el alcance y logros que puede obtener.
Claro que el hombre nacido en Villa Fiorito, algo que nunca pudieron digerir esos mismos que supieron nutrirse de sus actos, dichos y flaquezas, para explotarla a su favor, pero sin perdonarle que el poder que le dio el dinero, le permitiera plantarse ante cualquiera para expresar lo que se antojara, ayudó bastante con sus desconcertantes idas y venidas, alimentando dimes y diretes de su vida personal. Como comulgar con Menem y Fidel a la vez o visitar al Papa para luego denostarlo. Al margen que tuviera razón en sus reflexiones.
Pero, de última, nos quedamos con la imagen del jugador. Del crack.
Capaz de inventar la apilada genial que culminó en el golazo ante los ingleses, que gritamos como locos en el Azteca, lo mismo que la picardía de la mano de Dios, que al cabo es una trampa.
La misma trampa que le ha hecho el sistema, para acumular dinero, exhibiendo sus miserias y contradicciones, al mejor estilo de los fariseos que crucificaron a Cristo. *
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