El libro del Picaflor
—Picaflor, ¿qué me cuenta del robo a los coreanos en el Monumento del Fútbol Mundial?
–Una vergüenza no sólo para el fútbol uruguayo, sino también para todo el país. Hemos quedado como la miércoles en el mundo entero porque la noticia del robo a los coreanos, recorrió el mundo de la mano del triunfo deportivo que alcanzó el equipo de Víctor Púa.
—¿Cómo puede ser que no hayan dispuesto guardia de seguridad dentro y fuera del vestuario?
–Hubo negligencia o por lo menos exceso de confianza. De todos modos, los ladrones ya no respetan a nadie. Hay que jugarse la vida, arriesgarse a entrar a un recinto donde no se sabe quién puede estar adentro… Los organizadores del espectáculo no adoptaron ninguna medida complementaria, especial, porque confiaban en que no iba a ocurrir nada anormal. Sin embargo, los amigos de lo ajeno, en una demostración de audacia y astucia, no pusieron reparos y se jugaron una patriada digna de una novela policial.
—¿Nadie vio gente en actitud sospechosa?
–Nadie. El Picaflor investigó en la víspera las pistas del robo y no pudo llegar a buen puerto. Habló con gente que estaba a cargo de la vigilancia del camarín y le aseguraron que los ladrones ingresaron al vestuario –cerrado con llaves que estaban en poder de los coreanos– a través de una banderola que da a la platea América. Esto es, mientras se jugaba el partido los muchachos rompieron el vidrio con total impunidad, saltaron por la banderola hacia el vestuario, agarraron dos bolsos, los cargaron con ropa deportiva, championes, un par de relojes, guita y se mandaron a mudar sin dejar rastros. Los investigadores piensan que la retirada de los cacos fue a través del cielorraso. Rompieron una chapa de espuma plast y luego se perdieron por los laberintos ocultos, aéreos, de la Tribuna América, hacia el exterior.
—Es increíble que nadie los haya visto huir con dos bolsos deportivos, ¿no?
–Ocurre que los ladrones son muy astutos, vivos, pero saben dónde les aprietan los zapatos. Cuando se hicieron del botín y emergieron al exterior del estadio, dejaron apretados los dos bolsos debajo de un auto que estaba estacionado, a la espera que se fueran los moros de la costa –léase Policía– para recuperar el botín… No contaban con la pericia de los agentes del orden que, enterados del robo, montaron un dispositivo pinza en la parte exterior para detener a los ladrones. Esto último no lo lograron pero recuperaron los dos bolsos, debajo de un auto que fueron reintegrados de inmediato a los coreanos quienes, molestos, no fueron a la conferencia de prensa. El único que quedó «adentro», fue el técnico de la selección coreana, el holandés Guus Hiddink quien perdió unos quinientos dólares que había dejado dentro del vestuario y un par de relojes que a esta altura, deben de estar funcionando con nuevo huso horario.
—¡Vergonzoso!
–Indignante…La otra vez fuimos noticia por el recibimiento que le dieron a los australianos en el Aeropuerto de Carrasco, ahora lo somos por el robo a los coreanos, país que será anfitrión de la Selección nacional. Una embarrada que no se tapa con nada y que deja mal parado al fútbol uruguayo pero por sobre todas las cosas al país. Por eso cuando los dirigentes dicen que el fútbol es independiente de todo, que tiene código aparte en la estructura social, no es cierto. De haberse adoptado mayores medidas de seguridad en el vestuario visitante, los ladrones no hubieran osado ingresar al recinto y el país no estaría ahora expuesto al escarnio internacional. *
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