Cambalache, problemático y febril
Por Marcelo Oliva
Esto no tiene sentido alguno. Seguimos aplazando la disputa de las finales del torneo Federal. Si no es por la lesión de un jugador, ahora es porque juega Nacional y Peñarol, tanto en Perú como en Montevideo. Más allá del valor deportivo que tienen estas confrontaciones del deporte más popular de todos los uruguayos, de ninguna manera podemos seguir dándonos el lujo de volver a atrasar una final Federal.
Hace poco más de una semana, festejamos los primeros 85 años de nuestra Federación, en una día estupendo y cargado de emoción. Al otro día se estaba jugando la final del Federal entre Welcome y Aguada, al viernes siguiente el campeón federal debía viajar a Córdoba, por un compromiso de Liga Sudamericana. Esto quiere decir que el público estaba atento a lo que sucedía con el básquetbol, deporte que trata de volver a lo que en su momento fue, de canchas completas y por sobre todas las cosas con interés. Parece ahora que otros son los intereses. Me pregunto entonces ¿cuántos parciales de Aguada irán al Estadio Centenario el miércoles a ver a Peñarol, con su equipo disputando una final Federal buscando un título después de 24 años y ante Welcome, equipo bicampeón Federal?
Por otro lado ¿cuántos son los parciales de Welcome que quieren perderse la final de su equipo, en busca de mantener la hegemonía que cosechó con mucho esfuerzo hace dos años?
En muchos casos cuando se compara el básquetbol con el fútbol, los dirigentes salen al cruce con el único argumento, «esto es básquetbol, no es fútbol». Frase reiterada. Entonces qué queremos hacer. Aquí nadie pretende sacar ventaja, pero, para los señores que predican todos los días dando sus distintos enfoques y pregonando que el básquetbol no debe darse ciertos lujos, se los está dando. Aguada y Welcome jugaron un solo partido por las finales en dos semanas de las seis pactadas. Distintos motivos han provocado el aplazamiento y uno de ellos causó un asombro más grande que el Cilindro, y todos exclamaron: «Esto es increíble, no puede ser». Entonces: ¿quién entiende esto?
En definitiva, tenemos que coincidir con nuestro colega Oscar Avero, cuando en reiteradas ocasiones ha bautizado esto, recordando a Discépolo, como «cambalache, problemático y febril».
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