Pablo García, abanderado de la actitud que se busca

Por ENRIQUE MALLADA

Uruguay arrancó ganando y es lo que importa. Estos tres puntos contra Bolivia al final del camino pueden llegar a tener una trascendencia imposible de evaluar hoy.

En los hechos pasó lo que debía pasar. Racionalmente nadie podía, ni debía pensar en una goleada. Aún así hubo rostros mustios, expresiones de desilusión y en esta larga lucha sólo hay que pensar partido a partido, obstáculo a obstáculo. En cada oportunidad valorar los aspectos positivos para poder seguir en una lucha que nos tiene como punto pero habrá que ver si no terminamos como banca.

Usted piense primero en la tabla de posiciones y vea a Uruguay primero. A partir de allí mire hacia el futuro. De la noche contra Bolivia además del resultado evalúe otras cosas que en mi opinión fueron importantes.

Antes del partido expresé claramente mi opinión en el sentido de que mi mayor preocupación era la actitud individual de los futbolistas para poder obener una actitud colectiva acorde a las circunstancias.

En ese sentido me fui satisfecho del Centenario. Aunque no fueron los noventa minutos, aunque Bolivia nos robó la pelota a partir de los 20 del primer tiempo, vi a un equipo con la clara intención de pensar en el arco de enfrente.

Un equipo que pretendió de la mitad hacia adelante, que no se colgó del travesaño para aguantar el uno a cero después del golazo de Pablo García.

Los errores colectivos que se vieron en largos lapsos del partido son atribuibles fundamentalmente a algunos fracasos individuales que afectaron el rendimiento general.

Muy en particular hubo fracasos en la mitad de la cancha. Ni Cedrés, ni O’Neill en particular colmaron las expectativas. Recoba mostró su magia apenas en algunas jugadas. Por largos lapsos el equipo apareció estirado en la cancha. Y suena bastante lógico porque la falta de trabajo previo de alguna manera convierte todo en una pequeña lotería.

Es obvio que es difícil aguantar la presión psicológica de ponerse la camiseta celeste que viene además de dos terribles fracasos en eliminatorias mundialistas. Es necesario pensar que este es un equipo totalmente nuevo. Que se arma a partir de algunas figuras clave de Malasia.

Es necesario además analizar que los futbolistas locales están condicionados por el ritmo y la actitud del medio. Un ejemplo claro es Darío Rodríguez. En dos partidos con la Selección ha jugado mucho más que en todo el tiempo que lleva en Peñarol. La razón es lógica. No tiene nada que ver la figura táctica, ni la intención futbolística de Passarella con la Selección que la de Julio Ribas con Peñarol.

Lo que yo pretendo para una selección uruguaya, a pesar de todos los sofocones pasados, este equipo de a ratos y muy en particular en los primeros 20 me lo mostró. De lo que hablo es de la intención de ser protagonista. La preocupación por jugar por abajo, de erradicar los pelotazos frontales.

Ese es el camino elegido por Passarella y es el único que puede llevar este barco a buen puerto. Esta es la manera en la que la Selección va a recuperar ese diálogo con la tribuna que tanta falta le hace y que puede terminar siendo decisivo para el triunfo final.

Pablo García fue, sin discusión, el mejor jugador de la cancha, pero fundamentalmente fue el gran abanderado de esa preocupación por ahogar al rival y tratar de meterlo en su propio arco.

Es el ejemplo que deberán seguir los que tenían mayor responsabilidad que él y, por esta vez, quedaron en deuda.

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