Aprobado sin nota, como cuando se sabe pero no se pudo estudiar
Los primeros tres puntos están en casa y eso es lo importante. Eso sí, el trámite del partido fue otra cosa. Como expresión de equipo, Bolivia fue superior a Uruguay, que basó su victoria en impulsos individuales, como el que permitió a Pablo García convertir el gol decisivo tras excelente maniobra personal. No podía esperarse mucho en cuanto a funcionamiento de un elenco que nunca practicó junto, que cada vez que programó algo para precisamente buscar una expresión colectiva medianamente aceptable debió resignar ese intento por diversos motivos, el último la autoritaria medida del famoso Grupo de los 14, en el que se alinean los clubes más poderosos del viejo continente.
El partido comenzó con insistente ataque celeste, con presión sobre la salida visitante y bastante orden en el intercambio de pases entre sus hombres. Se crearon incluso un par de chances, que no se concretaron por imperfecciones en la definición. Poco a poco los del Altiplano, que comenzaron con cinco en el fondo, cuatro volantes y sólo Moreno de punta, fueron saliendo del fondo y con una precisión asombrosa se hicieron dueños de la pelota ante un elenco local que por más que se esforzó tenía enormes dificultades para recuperarla.
En eso estaban, con Bolivia agrandándose cada vez más, cuando llegó el gol que a la postre definiría el encuentro. Oportuno, letal para el que lo sufrió, bálsamo para el que no conseguía pararse adecuadamente en el campo.
Desde allí hasta el descanso el juego se emparejó, porque siempre debe recordarse que el gol es el movimiento táctico más importante en el fútbol, el que destruye planes por un lado y alivia males por el otro. El aporte de García en el medio, la seguridad de Paolo y Darío Rodríguez en el fondo, chispazos aislados de Coelho y Recoba, fueron lo rescatable en los celestes, además del afán impresionante de Alonso marcando a todo el mundo. En el debe quedaron un Cedrés desconocido, impreciso, lento, un O’Neill inexpresivo, un Méndez siempre al borde de la tarjeta roja y, fundamentalmente, el escaso juego colectivo que exhibió Uruguay.
Bolivia salió al complemento decidido a buscar el empate, con un Erwin Sánchez muy peligroso con sus disparos desde lejos, con pelota quieta o en movimiento. Reaccionaron los celestes por el cuarto de hora, mejorando algo O’Neill al volcarse sobre la izquierda, dejando a Coelho en la faja central. Luego que Méndez salvara la igualdad al rechazar sobre la línea un disparo del ingresado Roger Suárez, habilidoso y peligroso. El conjunto local comprendió el peligro que corría y se tiró, ya con Olivera en la cancha, a tratar de sacar una diferencia tranquilizadora. No lo consiguió, pero por lo menos obligó a que los visitantes tomaran precauciones y no se fueran arriba con tanta gente.
El último cuarto de hora fue vibrante, emotivo, aunque se jugó dentro de un desorden general, con Bolivia siguiendo con su habilidoso toque de balón y con sus disparos de distancia que obligaron a contenciones valiosas de Carini, y Uruguay con ataques aislados, sufriendo, pero llegando al final con la mínima ventaja lograda en el primer tiempo, que le significó picar con triunfo y cumplir así con la obligación que en estos torneos significa ganar de local.
El debut se salvó sin nota, que es lo que sucede cuando se domina la materia pero no se estudió lo suficiente. Esto será muy largo y los celestes pasarán dificultades serias, ya mismo, el mes que viene en Asunción. De todos modos, el exiguo 1 a 0 sirve y mucho, sobre todo en la parte anímica.
Siempre es bueno debutar con victoria y eso fue lo que se consiguió.
La forma en que se logró ese objetivo será tema de un análisis más extenso de lo que sucedió anoche en el Centenario.
URUGUAY 1 BOLIVIA 0
26´ Pablo García (Uruguay).
34´ Erwin Sánchez (Bolivia), 38´ Gustavo Méndez (Uruguay), 65´ Oscar Sánchez (Bolivia), 75´ Darío Rodríguez (Uruguay), 80´ Luis Héctor Cristaldo (Bolivia), 87´ Miguel Angel Rimba (Uruguay), 90´ Fabián O’Neill (Uruguay).
Antonio Pereira (5), Jorge Olivera y Ednilson Corono (terna brasileña).
Paulo Olivera (brasileño).
Estadio Centenario de Montevideo.
60.000 personas.
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