Todo Uruguay un solo corazón

«Nada podemos esperar que no sea de nosotros mismos…»

Llegó la hora de la verdad para la selección uruguaya.

Se terminaron las especulaciones. Ahora sólo resta saltar a la cancha e iniciar la cuenta regresiva hacia el Campeonato del Mundo.

Por suerte los dirigentes tuvieron un minuto de iluminación y dieron el paso al costado por el precio de las entradas. Presionados por la prensa y vaya a saber por quién más terminaron reconociendo que para tener un Centenario repleto había necesariamente que ajustarse a la realidad económica del hincha.

Falta ahora que el partido pueda ser visto por todos los uruguayos, y no exclusivamente por los que puedan pagar una cuota de abono a la televisión por cable.

Si como todos nos llenamos la boca diciendo que este es el equipo de todos. Si queremos lograr una gran comunión entre el hincha y la selección debemos embarcar a todo el país en el proyecto. Que el partido pueda ser visto por todo el mundo es una medida imprescindible para lograr el objetivo.

La necesidad de volver a crear una mística de la selección, de lograr que el futbolista sienta que todo un pueblo está detrás suyo metiendo fuerza y energía para alcanzar la victoria, sólo se logra con medidas que permitan la integración de todos los uruguayos.

Todavía hay tiempo para lograrlo. Si en Argentina el propio Ministerio de Deportes está exigiendo la televisión por canales abiertos, no veo por qué acá no se puede hacer lo mismo.

En las condiciones actuales la mitad de los uruguayos no lo podrá ver. Apenas escuchar la radio y sufrir con el relato. Si esta es una empresa en la que todos debemos involucrarnos se me ocurre que no hay otro camino.

Creemos todas las condicionantes. No dejemos, por el motivo que sea, nada librado al azar y de una vez por todas tengamos a todo el pueblo uruguayo vibrando con la camiseta celeste.

En la cancha la palabra la tendrán los jugadores. Serán ellos los que con su entrega, su fútbol, sus ganas podrán lograr la comunión completa con la tribuna.

Esta integración se hace de ida y vuelta. Desde la cancha a la tribuna y desde allí hacia abajo. Que el equipo visitante sienta que realmente es visitante. Que nuevamente vuelva a ser difícil para todos venir al Centenario a enfrentar a la selección uruguaya.

Y no se trata de «meter pechera» ni de ser más machos, ni de pegar. Se trata de jugar bien, de tener la actitud individual y colectiva que en esta cancha a Uruguay no se le puede ganar.

Si Passarella logra crear en el espíritu de cada uno de sus futbolistas este sentimiento habremos empezado a recorrer el camino que nos lleve al éxito.

Será difícil, será espinoso, con altos y bajos, pero no será imposible.

Aunque no haya tiempo para trabajar, aunque haya cosas tácticas que no se puedan aprender, aunque se cometan errores, Uruguay puede y debe empezar con el pie derecho. Las condiciones están dadas, aprovechemos la circunstancia.

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