Los celestes comienzan otra cruzada mundial, ¿la tercera será la vencida?
El grupo seleccionado está recluido en su bunker de la Posta del Lago, cumpliendo con las escasas etapas de preparación que pudieron concretarse y en un marco de tranquilidad y optimismo que es dable resaltar, mientras el rival arribó pasado el mediodía de ayer luego de una semana de actividad realizada en Buenos Aires a las órdenes del técnico Carlos Aragonés. Los árbitros brasileños también están en Montevideo, las entradas se venden a buen ritmo luego de la considerable rebaja dispuesta en el precio de las mismas y entonces está todo dispuesto para que a las 19 y 30 comience a rodar la nueva pelota con la que actualmente se juega al fútbol, bastante más liviana que la que se utilizaba anteriormente.
¿Qué nos presentará Uruguay?
El equipo celeste, confirmado por Daniel Passarella en la víspera, representa toda una incógnita en cuanto a sus posibilidades, no sólo por lo que signifique el resultado sino también por su rendimiento en el terreno. El adiestrador sorprendió a todo el mundo excluyendo de la nómina titular a Gustavo Poyet, una de las figuras consideradas clave para integrar la oncena. Prefirió iniciar el encuentro con Coelho y Cedrés como laderos de O´Neill en la mitad del campo, con Pablo García como volante tapón detrás de aquéllos y delante de la línea final conformada por Méndez, Diego López, Montero y Darío Rodríguez. Carini fue confirmado en el arco, mientras como hombres de punta estarán Recoba y Alonso. La pugna por el puesto de zaguero central derecho entre Diego López y Alejandro Lembo se definió a favor del defensa del Cagliari mientras que Marcelo Zalayeta perdió su disputa personal con Diego Alonso, en las ubicaciones que los aficionados –y la prensa– entendían como abiertas a opiniones diferentes. En tren de opinar, y es bueno decirlo antes de la competencia, hubiéramos preferido al zaguero de Nacional, no tanto porque entendamos que es superior a su compañero sino porque nuestra línea final es bastante afecta a excederse en la pierna fuerte, siendo víctima frecuente de las tarjetas arbitrales, mientras Lembo podía aportar una cuota de serenidad importante si el partido se pone «pesado». Nada que objetar en el caso de Alonso, un muchacho de fútbol moderno, que sabe sacrificarse en beneficio del equipo y que con su movilidad puede abrir brechas para Recoba y los volantes que suban al área adversaria. El de Zalayeta es un accionar más posicional, que puede tener dificultades ante defensas que no dan espacios para moverse. El caso de Poyet es distinto. Si bien es cierto que el volante del Chelsea pocas veces ha rendido lo que puede en la selección, a nuestro juicio porque nunca se le encontró la ubicación adecuada, no es menos verdadero que se trata de un futbolista que milita en uno de los equipos más prestigiosos de la Liga Inglesa y que conquistó títulos continentales en Europa que le redituaron un prestigio indudable, que en su propio país no se puede desconocer. No es hora de cuestionamientos y el entrenador tendrá sus motivos para proceder como lo hizo, pero al no tener la información adecuada sobre esas razones, tampoco podemos dejar de expresar lo que pensamos. Creemos que Gustavo Poyet debió ser titular esta noche.
Los celestes utilizarán un 4-1-3-2 y procurarán no dar alce al equipo boliviano, atacándolo por las vías más aptas para abrir defensas, es decir, desbordes por los costados tratando de imponer el 2-1 sobre los marcadores, cambios de frente –cuidando que éstos no generen contragolpes de los visitantes al ser imprecisos– y remates de media distancia. Es factible que se note falta de funcionamiento colectivo ante el déficit de trabajo que tiene la selección, pero la experiencia de sus hombres y la capacidad individual de varias de sus figuras pueden suplir ese inconveniente.
Bolivia, si su entrenador cumple con lo anunciado y con lo que ha sido su trayectoria como técnico del Blooming, al que sacó campeón dos temporadas seguidas, no utilizará un esquema ultradefensivo, aunque no dará tampoco ventajas suicidas. Tratará de soportar la embestida inicial uruguaya para poco a poco ir robándole la pelota como forma de alejar el peligro de su última zona. Carlos Aragonés sabe que, si pasa el tiempo y Uruguay no convierte, la presión del público se volverá contra los celestes y entonces intentará aprovechar el nerviosismo de éstos para tentar lo que sería una hazaña: ganar por primera vez a Uruguay en Montevideo un encuentro por eliminatorias.
Al margen de nuestra ya expresada opinión sobre los casos de Gustavo Poyet y Alejandro Lembo, somos optimistas y pensamos que Uruguay salvará con éxito, y hasta con comodidad, su primer compromiso en este Mundial, (lo llamamos así porque no hay que olvidar que este certamen es la primera fase del mismo) triunfo que es esencial para esperar con ánimo renovado la segunda y muy difícil presentación del mes próximo en Asunción frente al poderoso Paraguay.
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