El campeonato del mundo está ahí, ¿en qué estamos nosotros?
Todavía sin definir el técnico, con un oscuro panorama por donde transita la designación del mismo. Pero lo realmente inquietante, son los fundamentos para elegir al responsable de tan importante gesta.
Si en realidad apuntan hacía Bianchi, la magnitud del propio nombre impone de por sí sola una intención de por lo menos conseguir ubicarnos entre los cuatro primeros.
Pienso que este equipo uruguayo, por lo realizado en las eliminatorias, es muy difícil que pueda emitir una música futbolística donde las tres «G»; gustar, golear y ganar, logren una constante, más allá de quien pueda ser el técnico.
Nuestro representativo debe de buscar en el orden táctico, en una concentración en el juego, donde las distracciones en esta clase de torneo son fundamentales erradicarlas. Quien bajo estas premisas, ostente las facultades para establecer adecuadamente estas realizaciones deberá ser el designado.
Aquí entramos en un terreno mucho más complejo, donde el estilo del entrenador es la llave que nos permitirá pasar con cierto decoro esta nueva aventura celeste. Que en el pasado, a pesar de las improvisaciones, los fundamentos y la destreza con la pelota de nuestros futbolers, nos permitió salvar con nota y protagonizar hazañas memorables en dichos torneos. Desconocer que nuestro prototipo jamás puede aspirar a ser una Ferrari es de ley, que el tiempo, las arbitrariedades, el esnobismo, los grandes desencuentros, el poder absoluto e irrectricto de quien lo ostenta, ha degenerado en esta situación. Donde esta clasificación de cesárea angustió más de la cuenta y dejó secuelas que distan mucho de ser las ideales, para quienes deberán de competir en semejantes condiciones.
Si a Víctor Púa se le discrimina, después de haber conseguido lo que en su momento parecía imposible, dentro de los que me incluyo, esta alegórica idea de traer al argentino Bianchi sólo puede ser concebida por la misma cabeza que en su momento pretendió traer a los Beatles al estadio Centenario.
El propósito es bien definido, se pretende con esta contratación producir un efecto espectacular y como siempre, las consecuencias recaen y afectan a las ilusiones de la gente que se prepara. Estimulados por estos modernos «Fenicios», a ver al celeste entre los mejores del mundo.
Sin pretender ser reiterativo y abusando de quienes leen esta columna, digo una vez más que si no es Víctor Púa el técnico de la selección, por presencia, por categoría, por lo que representó como jugador, porque está en la misma dimensión de sus dirigidos, Fernando Morena es el más indicado para tan egregio cargo. *
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