El libro del Picaflor

— Troquílido, ¿cómo están los preparativos en la Asociación para la gran fiesta de mañana?

— Sinceramente, para la trascendencia de la fecha, el clima es casi nulo. Quizás incida en contra el partido de esta noche pero la gente común, el hincha que todos los fines de semana pasa por las boleterías, se muestra indiferente a tan trascendental acontecimiento…

— ¿A usted lo invitaron?

— Personal y verbalmente, el presidente de la AUF le trasmitió al plumífero la invitación para participar de los actos, de la sesión solemne de mañana el el salón Azul de la Intendencia Municipal de Montevideo, de la «chupindanga» que se llevará a cabo en Haras del Lago pero la tarjeta aún no llegó al diario.

— He conversado con algunos dirigentes que expresaron su preocupación porque no habían recibido la tan preciada tarjeta.

Es muy factible. El Picaflor está en conocimiento que muchas autoridades nacionales, de primer rango en la estructura del gobierno, van a excusarse porque recibieron la invitación ayer y ya habían comprometido su presencia en otros actos o recepciones con anticipación. La mayoría de ellos, gustosamente, hubieran querido participar de los actos del centenario de la AUF pero el atraso en el reparto de las tarjetas, los marginó protocolarmente de los mismos.

— ¿Por qué demoraron tanto en repartir las invitaciones? ¿Acaso no sabían que el 30 de marzo del 2000 la AUF cumplía 100 años de vida?

— Una linda pregunta que tendrán que responder los neutrales de la Asociación. El Picaflor preguntó los motivos y le dijeron que el principal fue que tuvieron que hacer dos veces las tarjetas –muy coquetas por cierto– debido a que en el momento que iban a ser distribuidas, constataron que había una falta de ortografía más grande que el Estadio Centenario y resolvieron interrumpir el reparto de las mismas.

— No, no, ¿usted me está cargando o me vio cara de gil?

— Posta, posta. Es más, los que salvaron que la AUF quedara expuesta al ridículo fueron los doctores Jorge Almada y Daniel Pastorini que revisaron por curiosidad las tarjetas y constataron que se habían comido una falta de ortografía imperdonable. Los dos neutrales sopesaron qué era peor si entregar contra reloj las tarjetas o largarlas con esa bofetada contra la Real Academia Española y prefirieron lo primero. ¿Usted se imagina lo desagradable que resulta que un invitado de honor, reciba en sus manos una coqueta invitación escrita con una grosera falta de ortografía?…Aunque algunos puedan poner pretextos y quieran justificar el atraso en la distribución de las invitaciones, la verdad de la milanesa es ésta que le está contando el Troquílido. El segundo motivo que generó el atraso –no menos importante– fue que nadie se arriesgaba a largar las invitaciones sin el previo consentimiento de Figueredo que fue el que depuró, personalmente, la lista de los invitados para cada ocasión.

¡Cómo debe de andar su amigo Figueredo!

— Con El Picaflor andaba recaliente porque dice que tanto Beckenbauer como Bobby Charlton, vienen a Uruguay porque él los comprometió e invitó para los 100 años y no como dijo el plumífero que llegan con la finalidad de «cazar» votos para las candidaturas de Alemania e Inglaterra como sedes del Mundial del 2006. Figueredo dice que la presencia de las dos leyendas del fútbol mundial llegan a Uruguay gracias a sus buenos oficios, por lo que se sentía molesto por la interpretación que había hecho El Picaflor sobre el viaje de los dos ex campeones del mundo…

— ¿Y de la ausencia de Blatter esta noche en el Centenario no le dijo nada?

— Dejáte de patalear que me tirás las frazadas.

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