Bohemio y trasnochador de copas
En el cerrado recinto de la Asociación, repleto de hombres bien trajeados, explotó el grito de: «Wanderers nomás», cuando la bolilla en el globo digitó que Defensor clasificaba por la serie para jugar entre los diez mejores la segunda parte del año, luego que finalizó el Clasificatorio. Dejando a Central Español afuera e ingresando Wanderers por la tabla anual.
El bohemio jugaría el Apertura y Clausura y continuaba en carrera entre los 10 mejores equipos de la temporada 2001. Cuando los dirigentes festejaron en la AUF, hace algunos meses atrás soñaban aún con una celebración mayor.
Y el sueño se cumplió pocos meses después y se dio en el Centenario ganando lo que prácticamente fue una final a Danubio y logrando a su vez el pase a la Copa Libertadores.
Y jugará el máximo torneo continental de clubes, justo en el marco del cumpleaños número cien de la institución. Mejor no podía ser para los bohemios, que ayer trasnocharon festejando su quinta clasificación a la Copa.
Pudieron dar más
Para lo que demostraron los dos equipos durante el año, se podía esperar otro encuentro con mucho más fútbol del que se vio. Pero reza en el ambiente del fútbol el dicho de que «finales son finales» y todo se transforma. Nervios, dientes apretados y el apresuramiento son las premisas en este tipo de partidos.
Costó hilvanar buen fútbol en colectivo y la marca por momentos fue superior a la creación.
Los dos equipos jugaron con un espejo enfrente, pues el planteamiento táctico de Carreño y Krasouski fue similar. Y en estos sistemas que plantean los técnicos, las subidas de los volantes son fundamentales y en este caso Wanderers sacó ventajas. Pues Ronald Ramírez y Claudio Dadomo fueron claves en la victoria. Mientras que enfrente, Anchén jugó un buen partido pero Pellegrín no aportó tanto como en otras oportunidades.
La otra diferencia estuvo en las defensas, ya que Wanderers fue impenetrable y Danubio mostró mucho más dudas y cometió algunos errores que fueron salvados por Bordad de gran actuación pese a los tres goles recibidos.
Dentro de un panorama parejo, el bohemio estaba un poco mejor y tuvo en los primeros 17 minutos dos chances de anotar.
Esto se corroboró a los 30 minutos, cuando luego de un corner y tomando el rebote en el área, el goleador Guglielmone volvió a imprimir su sello en las redes rivales con tremendo disparo que venció al arquero.
La infortunada lesión de Perrone obligó a Krasouski a la inclusión tempranera de Ojeda, aunque fue delantero por delantero y quizás el técnico lo reservaba para más adelante.
Pese a estar en desventaja, de todas maneras la reacción de los franjeados no fue como se podía suponer, pues lejos estuvo de arremeter con todo sobre el rival, sino que continúo con el mismo ritmo el encuentro y así llegaron al descanso.
El acierto de Carreño demostró el manejo que tiene de su plantel
Luego de la charla en vestuarios Danubio salió un poco más motivado, pero Wanderers inmediatamente lo frenó con un equipo muy bien parado, con un sistema defensivo que funcionó a la perfección y bloqueó totalmente al rival. Además la ausencia de Ruben Da Silva, con la cualidad de sus pases y especialidad de crear espacios cuando no los hay, se notaba demasiado.
Pese a todo, la posibilidad del empate estuvo cerca cuando Pablo Gaglianone, de muy buena actuación, cabeceó contra el palo y en una estirada espectacular, Mauricio Nanni con una mano logró desviar el balón al corner.
Pocos minutos después, el volante lateral izquierdo, Claudio Dadomo, ejecutó un tiro libre fuerte y bajo al palo del arquero y convirtió el segundo gol. La hinchada apostada en la tribuna América deliraba y comenzaba a desgustar el sabor de la victoria. Lo palpitaba, faltaban muchos minutos todavía, pero se divisaba que Wanderers no perdía más. Estaba muy sólido en el campo, compacto, siempre armadito. Mérito del técnico y de los jugadores aplicados a cumplir las instrucciones. Nadie desentonó, ninguno se olvidó del libreto.
El conocimiento de su plantel por parte de Carreño lo llevó a poner como titular a Dadomo, que no jugaba desde la mitad del torneo Apertura.
El joven de Nuevo París anotó el segundo tanto que afirmaba la victoria.
Recién a partir de allí se despertó Danubio e intentó poner toda «la carne en el asador» y llevó al rival a su cancha. Nunca encontró el camino al gol, pese al asedio y el tener la pelota.
Apuró el ritmo pero comenzó a tirar centros que ganaron generalmente los defensas y el arquero, que descolgó unos cuantos. Olivera se fue nublando y las jugadas no salían. Krasouski mandó a Rodrigo López para acompañar a Olivera, pero tampoco funcionó.
Scotti, Julio Ramírez y Curbelo se transformaron en una muralla y se aburrieron de sacar pelotas.
Y en una de las tantas salidas rápidas del fondo, Wanderers tomó mal parada a la defensa danubiana, jugada a tratar de descontar, y Ronald Ramírez, que fue una luz, llegó al área con pelota dominada. Sacó el remate a media altura que venció a Bordad, pero el palo le jugó una mala pasada y el balón rebotó hacia el recién ingresado Jorge Martínez, que de cabeza la envió a dormir al fondo de la red.
Otro acierto de Carreño minutos antes vio que el trabajo de Sergio Blanco fue degastador y que había cumplido con creces, pero que para el contragolpe necesitaba alguien veloz pero además fresco. Fue al campo Jorge Martínez.
Con ese gol se terminó todo. Danubio quedó demasiado golpeado y la diferencia muy abultada como para soñar en un milagro, por eso los dos deseaban que Viera pitara el final.
El festejo esperado para la gente del Prado
Se dio, la hinchada explotó y los jugadores emocionados y enloquecidos se confundieron en abrazos que entreveraban la transpiración con las lágrimas.
El viejo Wanderers, el de los cien años, que tantas glorias para el fútbol uruguayo supo modelar, volvía a ganar un torneo y la clasificación a una nueva edición de la Copa Libertadores. Campeonato sólo para ganadores, para los mejores de América. Y allí estará la enseña del prado, de aquellos locos bohemios que hace casi cien años decidieron fundar un club de fútbol.
En la calurosa y tranquila noche del Prado, el perfume del rosedal se confundió con el aroma de la pólvora de los fuegos artificiales. Es que Wanderers estuvo de fiesta. *
DANUBIO 0
Ignacio Bordad (5)
Máximo Lucas (6)
Eber Moas (5)
Walt Báez (5)
Jorge Anchén (7)
Christian Callejas (5)
Pablo Gaglianone (6)
César Pellegrín (5)
Ruben Olivera (5)
Diego Perrone (5)
Ignacio Risso (4)
WANDERERS 3
Mauricio Nanni (7)
Andrés Scotti (6)
Julio Ramírez (7)
Alejandro Curbelo (6)
Ronald Ramírez (7)
Sebastián Eguren (7)
Fernando Machado (6)
Claudio Dadomo (8)
Julio De Souza (5)
Sergio Blanco (5)
Walter Guglielmone (6)
EN DANUBIO
Suplentes: Jorge Contreras, Bruno Piano, Jadson Viera, Bruno Silva, Pablo Lima.
Cambios: 43´ Martín Ojeda (5) por Diego Perrone, 64´ Rodrigo López (5) por Christian Callejas.
EN WANDERERS
Suplentes: Diego Irigoyen, Walter Surraco, Rodrigo Bengua, Darwin Ferreira.
Cambios: 66´ Alejandro Larrea (5) por Julio De Souza, 79´ Jorge Martínez (6) por Sergio Blanco, 83´ Gabriel Rodríguez (-) por Claudio Dadomo.
Goles: 29´ Walter Guglielmone (W), 61´ Claudio Dadomo (W), 80´ Jorge Martínez (W).
Tarjetas amarillas: 43´ Máximo Lucas (D), 56´ Alejandro Curbelo (W), 58´ Pablo Gaglianone (D), 69´ Alejandro Larrea (W), 79´ Martín Ojeda (D), 80´ Ruben Olivera (D).
Cancha: Estadio Centenario.
Jueces: Olivier Viera (6), Edgardo Acosta y Roque Alvarez.
Cuarto árbitro: José Gijón.
Público: 8.000 espectadores.
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