La frutilla en la torta
Columnista Invitado
El año 2001 podrá ser recordado en el ámbito futbolístico por diferentes aspectos, pero uno de ellos deberá serlo, a no dudarlo, el «conventillo referil».
A comienzos de año se produjo un cambio de timón en Audaf (Asociación Uruguaya de Arbitros de Fútbol). El hasta entonces presidente, el señor Daniel Bello, por haber alcanzado el tope de edad, abandonaba el arbitraje activo y de esa forma debía dar un paso al costado a su conducción gremial. Su sucesión fue mas difícil que la de las mafias sicilianas.
A nivel de Audaf huboasambleas, elecciones, impugnaciones y nuevas elecciones.
Se logró conformar una directiva bajo la Presidencia del contador Saúl Feldman con integración de ambas listas en pugna «los de Feldman y Larrionda» y «los de Bello», pero poco duró la paz.
El alineamiento fue claro. Por un lado, Feldman, Larrionda y a nivel directriz arbitral Juan Daniel Cardellino; por otro lado, Gustavo Méndez, Fernando Cresci y entre bambalinas Daniel Bello.
El clima en Audaf se tensó de tal modo que se provocó la escisión. Fue así que bajo la Presidencia del doctor Fernando Cresci se fundó AAFU (Asociación de Arbitros de Fútbol del Uruguay).
Esta persona jurídica con Estatutos en proceso de aprobación por parte del Ministerio de Educación y Cultura fue desconocida por la Asociación Uruguaya de Fútbol, tomando de tal manera indudablemente partido por una de las partes.
Esta relación de hechos que habla de la interna referil, se ve reflejada lamentablemente en la situación al exterior.
Ya lo decía José Hernández en el Martín Fierro: «Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera… …los devoran los de afuera». Esa cita literaria se hizo carne en el tema referil. A la fecha existen todo tipo de ataques hacia los jueces. Las denuncias penales pululan por las sedes judiciales, son de árbitros contra árbitros y de clubes (Frontera) contra estos; en lo que constituye indudablemente un abuso en la utilización de la justicia que es solventada por los impuestos de todos los ciudadanos y que no es una herramienta para dirimir «rencillas menores».
En medio de este clima, los clubes afiliados a la AUF procuran ir rebajando las prebendas obtenidas por los árbitros. A la fecha existe una idea conceptual que no deja de tener su cuota de sensatez, los jueces son los únicos ricos en un fútbol empobrecido. Mientras los protagonistas de los espectáculos (jugadores y técnicos) cobran poco, tarde, mal y nunca, los árbitros cobran sus viáticos semanalmente en forma puntual. En un país en crisis económica todos han debido redimensionarse salvo los árbitros. Sobre la base de que un juez de primera categoría (no hablamos de un juez internacional) cobra aproximadamente $ 4.500 por encuentro; mensualizado lleva a que percibe aproximadamente $ 18.000, lo que llevado a dólares supone U$S 1.200. Este número, cotejado con la imposición a las instituciones de Primera del tope de U$S 20.000 de presupuesto mensual, supone un factor irritante. Pero si a este panorama agregamos que algunos jueces, aun cuando sean apenas cuartos árbitros, hacen lo posible e imposible como el doctor Líber Prudente para cobrar protagonismo, el panorama se completa. El invento que motivó las expulsiones de Tejera y Báez es irritante, crispa los ánimos de las instituciones y los jugadores y sin lugar a duda supone la «frutilla en la torta» en esta penosa realidad referil. *
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