Urge la creación del Ministerio de Deportes
No se puede dilatar más la creación de tan fundamental dependencia gubernamental, con idóneos en la materia integrándose a una unidad monolítica y de una ejecutividad comprobada. Que no derive en otra Comisión Nacional de Educación Física, donde la burocracia la envolvió y la convirtió en obsoleta, a pesar de los esfuerzos de destacadas personalidades del deporte, que lucharon denodadamente para que esto no aconteciera. Imaginamos también que quien resulte nominado para ejercer tan delicado cargo será un idóneo de comprobada participación deportiva, que esté mucho más allá de cualquier apetencia personal, llámese de poder o económica, entonces sí, debemos participar todos los que deseamos un deporte competitivo con reales posibilidades de éxito. Que nos enorgullezcamos, como lo hicieron ancestralmente los uruguayos, que les tocó vivir jornadas memorables del deporte oriental y del fútbol en particular.
Todos tenemos la sensación de que nuestra participación en la alta competitividad es sólo un trámite para, como siempre, sufrir una inmediata eliminación que nos frustra y nos deja por el suelo la autoestima nacional y personal. Recordamos también que en la mayoría de los casos no logramos una marca mínima para competir en las olímpiadas.
Como consecuencia, debemos signíficar que el padre de todos los deportes es el atletismo. Ahí debemos atacar, incentivar el surgimiento de atletas en número importante, para que entonces sí deriven en los deportes específicos en los que se manisfestarán las especiales condiciones naturales de cada individuo. Sin este tan fundamental y básico próposito, cada vez nos distanciaremos más de quienes ostentan los primeros lugares en el mundo.
Mientras que en épocas anteriores, la calle, los baldíos fueron escenarios habituales, que le brindaban al deportista adolescente las destrezas requeridas para desarrollarse en el deporte elegido. Hoy llegan empujados por las necesidades que marcan los torneos, donde la fría letra de los fixtures indican los lugaress geográficos, día y hora de los acontecimientos, sin especificar que la preparación previa de estos grandes certámenes, está sujeta a los devenires sociales y económicos por donde transitan los países. Especialmente los tercermundistas, limitados por toda clase de necesidades que exceden en mucho las prioridades del deporte en su expresión más profunda.
Bienvenida la idea de la creación de este organismo, que no ostenta banderas políticas y tampoco las necesita, pues cuando las grandes victorias de nuestro deporte nos convocan en 18 de Julio, los festejantes no necesitan identificación. Todos nos consustanciamos y nos emocionamos cuando la gloriosa camiseta está en lo más alto del podio mundial, con la gestación de esta intención gubernamental, que apunta hacia una lógica absoluta, la dependencia de la suerte, la casualidad y la garra. También se verá beneficiada por la técnica actual, a la que sólo tendremos acceso a través de un organismo tan importante, que respaldará como nunca una gestión de tal envergadura.
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