La Copa sucia
Parece que retornó la Copa del pasado. La olvidada competencia internacional continental de la violencia, de los arbitrajes absurdos, de los localistas, de los permisivos. La Copa de las «apretadas» en camarines. En casi todos los partidos de esta edición pasa algo. Siempre hay un penal mal cobrado, tal los casos de Bella Vista en Calama, Junior en el Gasómetro, siempre hay expulsados que cambian el trámite del partido. Pero qué casualidad, siempre en contra del visitante.
Este año Bella Vista ha sido notoriamente perjudicado por los malos árbitros.
Frente a Cobreloa en Maldonado, el juez de turno en la duda marcó en favor del rival. El hombre de negro fue boliviano, a no olvidarse que Bolívar está en el grupo de los papales.
Contra el Atlético Mineiro la expulsión de Emanuelle, decretada por el también boliviano Paniagua fue un disparate.
Debió expulsar a Bruno, el 2 del Atlético y terminó mostrándole la roja al maragato. Faltó que a Bella Vista le colocaran una terna del altiplano en La Paz, cuando cotejó fuerzas con el mismísimo Bolívar.
Luego vino el partido de Calama en donde pasó de todo.
Expulsó al «Bola» González, cobró un penal a favor del auriblanco y debió mostrarle la roja al arquero y luego, en mi concepto, sancionó un penal en favor de los chilenos que no existió.
Cuidado Peñarol
Cuando jugó Boca Juniors en Santa Cruz pasó de todo. Desde que bajaron del micro hasta que llegaron a la cancha, los jugadores boquenses soportaron de todo. Además en la cancha estuvieron más de treinta personas que nada tienen que hacer en el perímetro del terreno de juego. Esto está expresamente prohibido.
Los bolivianos han aprendido algo de la pasada historia de la copa sucia y han implementado todo un entorno peligroso afuera de la cancha.
En Colombia, más precisamente en Bogotá, a los argentinos de San Lorenzo los trataron muy mal, afuera y adentro del estadio.
La Confederación Sudamericana de Fútbol que tiene tantos veedores y gasta mucho dinero en viáticos, debería buscar las fórmulas necesarias de no volver a un pasado triste de la Libertadores.
Estoy totalmente de acuerdo con las quejas de Ruggieri sobre el control del antidoping. No es posible que en la primera parte de la Copa no sea obligatorio el mismo. Esto es un disparate.
En Argentina y Uruguay las autoridades competentes de ambos países realizan controles durante los partidos de Copa, pero uno llega a Colombia o Ecuador o a Bolivia y no se lleva a cabo el mencionado control. Esto último está muy mal, los análisis se deben realizar durante toda la competencia y en todos los estadios del continente.
Así la cosa no camina y la Copa se vuelve sucia.
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