URUGUAY EN EL MUNDIAL

Nos lo mereciamos

Uruguay se convirtió el domingo pasado en el último seleccionado clasificado para el Mundial, alcanzando el objetivo por el que se había luchado desde el 28 de marzo de 2000. Luego de veinte meses de ilusiones y desilusiones, de marchas y contramarchas, de victorias y derrotas, éramos un país mundialista.

No nos sobró nada y, luego de veinte partidos, finalmente clasificamos.

Tenfield buscó brindar todo su apoyo en procura del objetivo. Nunca un seleccionado contó con tantos recursos ya fueran económicos o humanos en pos de un resultado. Pero eso no justifica el lamentable cartel de «Gracias, Paco».

El cartel es triste porque implica en sí mismo una injusticia.

Si nuestra afición fue la más consecuente y seguidora, ¿dónde esta el cartel que diga: «Gracias, pueblo»?. Uruguay no jugó una gran eliminatoria, pero el público asistía al Estadio, no ya a ver un «ballet de fútbol», sino porque apoyaba una ilusión y se sentía protagonista de lo que vivía.

No existiendo una razón lógica, había algo, una fuerza íntima que hacía sentir que había que estar, quizás por aquello que decía Saint-Exupéry en El Principito, de que «lo esencial es invisible a los ojos». Fue esa parcialidad la que en medio de un país con un 16% de desocupación hacía siempre un «último esfuerzo» para llenar el Centenario.

Es para la familia uruguaya el real homenaje. SE LO MERECIA. El homenaje es para esa mujer a la cual su marido no puede llevar al cine porque no le da la «guita», pero que sin embargo veía cómo él conseguía con esfuerzo unos «manguitos» para ir al Estadio a ver a Uruguay.

Es para ese hombre que ha visto a lo largo de su vida grandes equipos de fútbol, y que sin embargo sin saber por qué y a veces pensando que era una «murguita», quería ir a alentar a los muchachos a ver si volvíamos a un Mundial. Y es especialmente para esos niños y adolescentes que tenían una necesidad de piel y era el ver que Uruguay también podía jugar en los mundiales. Ellos tienen en Carini, el Chino, Darío, Pablito García o el Chengue a sus ídolos, ellos son el futuro. Son ellos, los niños y jóvenes de nuestro país los que se merecían esto. La juventud de nuestro país también hubiera merecido: I) que el capitán del seleccionado Paolo Montero festajara junto a su pueblo en la cancha y no se fuera presuroso al vestuario; II) que el señor Magallanes no se malhumorara por su sustittución y que brindara declaraciones a la prensa cuando llegó de Australia; III) que el señor Darío Silva no incitara a la violencia dedicándole el triunfo a los inadaptados que fueron al Aeropuerto de Carrasco a «apretar» a los australianos; y IV) que el cuerpo médico de la AUF fuera más eficiente. Para todos nosotros, los uruguayos que amamos el fútbol, pero especialmente para la juventud: salud. *

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