El libro del Picaflor

Picaflor, ¿tiene alguna bomba para hoy?

–Varias. Elija el tema que El Picaflor lo va a satisfacer.

–Elija usted que tiene buen olfato y sé que no va a defraudar a sus lectores.

–Esta es una historia real. Tan real que al plumífero le da vergüenza narrarla porque confirma la devaluación ética que están padeciendo varios personajes que curran con el periodismo deportivo.

–A la pucha, la cosa viene en serio.

–Como siempre. Hace unos días, El Picaflor se encontró con una persona que está vinculada al fútbol, de perfil bajo, que concurre periódicamente a la AUF en horario de oficina. Deambula por las oficinas, hace relaciones públicas, garronea un cafecito y se vuelve a sus aposentos.

–Cuente, cuente.

–Este señor, que no integra la cadena nacional de informantes del plumífero, le confesó que se había enterado dentro de la propia asociación de una historia en la que el protagonista era un prestigioso periodista deportivo que, solapadamente, se desempeña como empresario de fútbol. Y lo peor es que critica siempre a Paco Casal…

–Usted haría lo mismo si tuviera un negocio y le hacen competencia.

–Este periodista, que se llena la boca dando lecciones de ética y moral, juzga a los jugadores y a los dirigentes, se comunicó con la madre de un futbolista que ha alternado en la selección nacional y milita en un importante club de primera división, para ofrecerle sus servicios de representación.

–¿Cómo?

–Como acaba de oírlo. El periodista llamó a la mamá del futbolista para preguntarle si su hijo tenía representante. Cuando se enteró de que no, se puso a las órdenes y le pidió que le trasmitiera a su nene que lo llamara por teléfono porque él ahora también se está desempeñando como representante de futbolistas.

–¿El periodista abandonó la profesión para dedicarse a empresario de fútbol?

–No señor. El hombre parla, opina, sale en la televisión, da clases de táctica, técnica, marca errores técnicos de los futbolistas y después, en los ratos libres, se dedica a captar talentos para representar.

–Andan bien los periodistas deportivos. Hace una semana, el ex árbitro Da Rosa denunció que un colega le había ofrecido un trabajo para favorecer a Nacional en un clásico, ahora otro, se dedica a contratista mientras ejerce la profesión. ¿En el Círculo no toman medidas contra estos periodistas?

–Mejor no hablar… No vale la pena perder el tiempo. ¿A usted le parece que el Círculo de Periodistas Deportivos está en condiciones de juzgar a sus asociados, cuando su presidente es funcionario, rentado, de la Segunda División Profesional de la AUF, centro del poder y la toma de decisiones del fútbol uruguayo?

–La verdad es que tiene razón.

–Los colegas deben decir: si el presidente tiene derecho a tener un currito en la AUF, yo también puedo desempeñarme como contratista y representar futbolistas. La cuestión es que cada vez menos, la opinión pública cree en los periodistas deportivos. ¿Quién puede confiar en la opinión de un periodista sobre un determinado futbolista si está bajo sospecha de que puede ser su representante solapado?

Esto es demasiado grave. En cualquier momento, El Picaflor aparece con la credencial de Agente de FIFA, empieza a currar con los futbolistas y le hace competencia a Paco Casal.

–¡Ni en curda! El Picaflor prefiere seguir siendo un periodista del montón pero respetado por la gente. El día que el Troquílido no sea capaz de defender con su honor lo que firma con su mano, cuelga los tarros y le dice adiós a la profesión. *

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