¿Estamos fuera de la troya?

Quienes manejamos la crisis como una constante de vida, también nos acostumbramos a sufrir este fútbol, que pasa por la peor crisis de toda su historía. No es perceptible la magnitud que origina el hecho de no clasificar para el próximo mundial de fútbol, pero lo realmente tremendo y patético es que quienes nos mandan y nos dirigen están a salvo, fuera de todo riesgo en lo alto de un transatlántico, observando a quienes nos encontramos encima de una balsa en el medio de un bravío océano.

Estamos a punto de hundirnos y se debe a estas determinaciones soberbias, erróneas y estúpidamente caprichosas.

Debo confesar que me siento totalmente impotente de vaticinar un resultado más o menos coherente en este partido frente a este modesto Australia, aunque la celeste en la dificultad es tan impredecible que no es para nada descartable un resultado positivo.

En este caso concreto no pasa por ningún milagro porque futbolisticamente, a estos australianos se les puede ganar perfectamente.

Específicamente en cuanto a lo táctico podemos decir que jamás la selección uruguaya pudo jugar con dos cinco en el mismo sector del terreno de juego. Los veteranos aficionados al fútbol conocen bien las opciones desechadas y las mismas pasaban por Obdulio Jacinto Varela o Sixto González, por Lorenzo Barreto o Rodolfo Pini, más acá en el tiempo sucedió lo mismo cuando había que determinar que quienes ocupaban esa posición eran Néstor Goncálvez o Ruben González.

Incluso en los grandes existió la misma disyuntiva. En Peñarol era Néstor Goncálvez o Salvador y en Nacional se debía optar por Ruben González o Eliseo Alvarez. Partiendo de esta histórica base decimos que Pablo García y Gonzalo de los Santos son suplementarios en sus funciones, jamás complementarios.

Jugando de esta forma quizás podamos aguantar la paridad del resultado pero, para salir a buscarlo, en caso de la imprescindible necesidad de un triunfo, es necesario tener jugadores con atributos totalmente diferentes a los ya mencionados.

Tampoco percibo cómo desbaratar esa defensa basada en lo físico, que escalona muy bien, presiona, son veloces en la cobertura y con un automatismo para los relevos estimulado por su gran concentración.

No creo que con sólo el argumento de ubicar a Darío Silva en el planetario para observar el cielo por si ocasionalmente baja una pelota medio distraída, sin contar que todavía habrá que sortear zagueros y golero en una tarea por demás complicada.

Como soy totalmente inconsulto para reclutar, armar y formar esta selección, pero como también me siento uruguayo como el que más me debo a mí mismo una responsabilidad, aun a riesgo de errar el definir una posición antes del partido ante los australianos, la misma depende absolutamente de la disposición táctica de conjunto.

Imagino que lo más conveniente sería salir con un audaz 3-4-3 arriesgando en los mano a mano, ya que nuestros zagueros demostraron una línea de comprobada solvencia. En lo personal pienso que el zaguero de defensor Sporting Christian González, veloz, técnico sería el complemento adecuado para los dos antes nombrados. Y en la mitad de la cancha las figuras de Diego Pérez y Marcelo Sosa le darían una respuesta mucho más significativa en tan difícil encuentro, y arriba con el viejo truco de jugar por las puntas, el nombre de Mario Regueiro se impone por su propio peso. Si arriesgamos tendremos una última oportunidad histórica, por el contrario, la pauta de una retranca defensiva, acumulativa, reiterada y aburrida prolongará la angustia, tras la que más que una muerte anunciada diremos que nos están velando, y estaremos una vez más marcando un continuado ausentismo de los máximos eventos mundiales de fútbol de la categoría. *

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