FINALES DEL URUGUAYO

Adiós a la fiesta del barrio

El pasado lunes se llevó a cabo en la sede de la AUF el sorteo para determinar el orden de las finales del campeonato uruguayo.

El bolillero indicó la localía de Nacional en la primera final el domingo 2 de diciembre y para Danubio la segunda el miércoles 5 de diciembre.

Con la determinación previa de la empresa dueña de los derechos del fútbol uruguayo de que el encuentro del miércoles 5 sería en horario nocturno, quedó definitivamente sepultada la posibilidad de que el conjunto de la franja pudiera dirimir una de las finales del campeonato en su reducto de Jardines del Hipódromo.

El análisis de lo acontecido lleva a dos conclusiones básicas: La primera, el reconocimiento que tuvo Danubio a su derecho de jugar de local; y la segunda, el alivio que provocó en la dirigencia de nuestro fútbol el resultado del sorteo.

El Danubio Futbol Club recibió un aval tanto de Nacional como de la AUF de que tenía un legítimo derecho. Como se decía en la novela del Cid Campeador: «…y pues iguales los dos con este honor nos dejais, cuidad como lo guardais o quejareme de vos».

A partir de esta determinación, ¿quién podrá negar a los clubes en desarrolló se reconozca su situación igualitaria frente a los grandes?

Quedó de manifiesto el derecho danubiano; lamentablemente la bolilla se lo negó.

Pero mas allá del derecho consagrado; ¿era prudente?, ¿era seguro?

Demagógicamente las autorizaciones estaban dadas para que la «fiesta del barrio» se cumpliera en Jardines del Hipódromo.

La «fiesta del barrio», es la expresión elegante que usan los clubes en desarrollo para argumentar el porque del «sacar» del Centenario a los grandes. Se busca una excusa social, cuando en realidad la motivación es exclusivamente deportiva.

La duda se plantea en relación a si están dadas las condiciones sociales de nuestra sociedad para que los encuentros definitorios del campeonato mas importante de nuestro país se disputen en un escenario menor. ¿Lo acontecido en Tres Cruces no es una muestra de una sociedad enferma de violencia? ¿No hubiera sido peligroso que se jugara en Jardines?

Por suerte la bolilla le puso el «cascabel al gato» y se animó a determinar lo que nadie se atrevía, que la fiesta fuera del pueblo deportivo todo, y no una ventaja deportiva peligrosa para la seguridad de la afición. *

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