La cuenta regresiva
El último día de la eliminatoria sudamericana amaneció a puro sol en la «Posta del Lago», y la rueda de mate amargo fue agrandándose a medida que los jugadores se levantaban.
Luego de un breve repaso táctico de lo que Víctor Púa quería para el partido de la noche, el grupo celeste almorzó e inmediatamente la mayoría de los futbolistas se retiraron a dormir la siesta. Quince minutos antes de las cinco de la tarde, se levantaron los últimos, comenzando la cuenta regresiva hacia el final de la competencia premundialista. Diez…
Una merienda bastante rápida precedió la partida desde el local de concentración uruguayo en el este del país; nueve… eran las cinco y media de la tarde cuando el móvil 117 de la empresa EGA emprendió camino hacia Montevideo, en medio de una constante presencia de público al borde del camino, portando banderas, vistiendo la camiseta de la selección, demostrando todo su cariño por la celeste.
El aliento de la gente se hizo cada vez mayor mientras se acercaban a Montevideo, hasta que en la esquina de Avenida Italia y Bolivia se vivió el momento más emotivo de la ruta; los celestes se acercan al Estadio, y la ebullición era cada vez mayor.
Ocho … siete … y a las siete en punto el ómnibus que estaciona frente a la puerta de la Platea América: al grito de «Uruguay, Uruguay», los primeros en bajar y meterse en el vestuario son Damián Rodríguez, «el Canario» García, Diego Alonso, Guigou, Carini, De los Santos, y los últimos fueron Berbia, Darío Silva, Federico Magallanes –uno de los pocos que entró saludando al público– y Lembo.
La selección ya está en el Estadio, encerrada en su camarín inexpugnable, y las únicas caras que pueden verse, las únicas voces que pueden oírse antes del partido, son las que se escapan por la ventana que da a la Platea América; por ahí aparecen los rostros de Washington Tais, del olimareño Darío gritando algo a sus familiares, del salteño Gonzalo, «Pelusa» y Diego Alonso.
Púa confirma el equipo exactamente a las 19:21, momento en que se conoce que Berbia, «El Ruso» Pérez, Chevantón, Varela y Lima quedarán fuera del banco de suplentes; desaparecen las dudas acerca de la oncena, y la expectativa es cada vez mayor, … seis … cinco, los muchachos charrúas «pelotean» en el vestuario de Tercera División, y luego se van a calentar debajo de la tribuna. Ya queda poco, cuatro … y los equipos se vienen para la cancha. Treinta y siete minutos pasaron desde las ocho de la noche, Paolo es el primero en pisar el césped, seguido por Tais y Guigou, que encabezan la fila cerrada por Pablo García, Magallanes y Lembo, cada vez falta menos. Chevantón, Pérez y Varela ya están en la Platea América; Pablo Lima, el juvenil de Danubio, también, y rezando con sus puños apretados esperando el pitazo inicial.
Tres … dos … uno … arranca el partido, y allá vamos.
Dentro de la cancha, todo pareció estar en calma cuando nos pusimos arriba en el tanteador, pero después, con el empate argentino y los goles de Colombia, el corazón latió rápido; luego todo volvió a normalizarse cuando en el final del cotejo los albicelestes no nos agredieron. «El Negro» Tais y Guigou partieron raudos al control antidopaje, y uno a uno los jugadores salieron rápido del vestuario para estar algunos minutos con sus familiares. Por la puerta del camarín los primeros en salir fueron Regueiro, Bizera, Berbia, Guigou y Lembo, mientras que otros eligieron la puerta del Centro Médico, mientras que Víctor Púa se hizo una escapada hasta la Sociedad Española, para visitar a su madre que se encuentra internada. El reloj marcaban las 23.40 cuando los celestes partieron rápidamente del Centenario, sin Damián Rodríguez, Rodrigo Lemos, Gustavo Varela, Pablo Lima y Darío Silva, este último por lesión.
Cero … la cuenta regresiva de la eliminatoria sudamericana está terminada. Ahora queda Australia, y allá vamos …
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