El libro del Picaflor
—Picaflor, ¿cómo estuvo el ambiente en la AUF con los preparativos del partido de mañana contra Argentina?
–Hablando pronto y mal, fue un loquero. Desbordó de gente. Unos querían entradas, otros acreditaciones, otros estacionamientos (los dirigentes) y aquello fue un hormiguero.
–A río revuelto, ganancia del Troquílido. Usted debería de andar a sus anchas.
–Impresionante. En un momento determinado se le acercó un dirigente al plumífero y le entregó un sobre. «Leelo e investigá. Esto salió hace varios días y nadie abrió la boca. Es sugestivo, ¿no?», le comentó el dirigente al plumífero.
–¿Otra bomba?
—El Picaflor le agradeció la colaboración al dirigente y se metió en el baño para leer la correspondencia que estaba dentro del sobre. Allí se encontró con un recorte de prensa, publicado el 1° de noviembre en las páginas policiales de El País. Realmente, si investigan el tema a fondo, puede explotar una bomba atómica.
–Cuente, cuente.
–De más está decir que la fuente de información es reservada. El texto, a una columna, publicado el 1° de noviembre en el matutino de la Plaza de Cagancha decía: «DESAPARICION: El extraño caso de la Nissan de color blanco»…
–Siga, siga, no me deje con la incógnita.
–Después seguía el relato de la información: «El joven se había vuelto una cara conocida. A bordo de su camioneta Nissan de color blanco recorría locales de Pocitos y Punta Carretas ofreciendo, sin ambages, whisky de contrabando a un precio ciertamente conveniente. Su clientela fue creciendo y el joven expandió su radio de acción, hasta que la Nissan comenzó a ser vista con frecuencia en el departamento de Maldonado. Hace algunos meses, un comerciante establecido recibió en su negocio a un alto jerarca de gobierno, al que comentó el caso. «Déjemelo a mí», respondió el funcionario. El comerciante se sorprendió al percibir que, de la noche a la mañana, la Nissan blanca y su conductor parecían haber sido tragados por la tierra. Y a los pocos días, cuando el funcionario de gobierno ingresó nuevamente a su negocio, volvió a sacarle el tema», dice el artículo periodístico.
–No me va a dejar con la duda clavada, siga que me interesa la historia.
—«Fue entonces que el jerarca confesó al comerciante que el joven que conducía la Nissan blanca y ofrecía a buen precio whisky de contrabando era el hijo de uno de los más importantes dirigentes del fútbol uruguayo, por lo que una simple llamada telefónica de advertencia a su padre había terminado por solucionar el problema. «Ese es asunto cerrado». Ni al muchacho ni a la Nissan los vas a ver más», sentenció el jerarca. Y santa palabra» (sic). ¿Qué me dice?
–¿Usted pudo investigar quién era el muchacho de la Nissan blanca?
–Sinceramente, El Picaflor investigó el tema y quienes inquiridos por datos sobre la Nissan blanca, sobre si la misma frecuentaba la Asociación, no quisieron abrir la boca. Parecía que estaban escondiendo algo o se podían comprometer si daban alguna pista.
–Conclusión, hay gato encerrado.
–La única pista que le dieron al plumífero fue: «A la Nissan blanca no la vas a ver más porque la vendieron», pero el hombre se negó a largar más prenda. *
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