La vieja celeste
Los avatares de la existencia y el dispararle a un alquiler que se hacía cada vez más difícil de pagar convenció a mis viejos de pegar el raje desde el viejo y querido barrio de La Teja.
Estábamos a mediados de la década del 50 y la Suiza de América ya había pasado a mejor vida.
Así que, de casi una metrópoli, con agua potable, energía eléctrica, pavimento, ómnibus y tranvías pasando cada cinco minutos por Carlos María Ramírez, fuimos a parar a Camino de las Tropas y Julián Laguna, donde lo único que pasaba era el ganado que, desde la Tablada, marchaba con su destino marcado rumbo a los frigoríficos que todavía existían en el Cerro. Pero no por mucho tiempo, porque también tenían su destino previsto a plazo fijo.
Claro que la diversión era más gratificante. A la vuelta de la esquina tenía campo abierto para correr detrás de la globa y el amor futbolero de mi padre, que por consecuencia también era el mío. Uruguay Montevideo Fútbol Club.
Cuadro guerrero si los hubo y los hay, pero con un aroma muy particular. Con la identidad que sólo produce un lugar y su gente.
Fundado por los años veinte, acaso como homenaje a las glorias que ya había acumulado el fútbol de este país, dueño del continente y aprontando la conquista mundial de las gestas Olímpicas y la propia Jules Rimet. El histórico barrio La Victoria fue su cuna, con laburantes y reos que tejieron un romance humilde y fiel.
La añeja canchita sita en las canteras que rodeaban el cruce de Aurora y Ameghino, muy cercana a la del Tellier, con quienes se extendieron duelos famosos, donde había que guapear sin vueltas, dio paso al reducto de Camino de Las Tropas y Simón Martínez (hoy Batlle Berres).
Y la vieja y humilde celeste intentó el abordaje a tiempos mejores. Y este cronista también.
La humildad de los cracks
Los años 50.
Tragando la otra gran diversión y entretenimiento que nos ofrecía la radio. Con maestros del comentario y la bohemia como Semino y Gallardo.
El hachero y Adolfo Oldoine.
Old, como se autodenominaba el notable periodista creador de «Los Paredes», la imaginaria familia que a la una y media de la tarde, nos regalaba su historia cotidiana por Carve, con las notables actuaciones de Juan Casanovas, Violeta Ortiz e Irma Carrasco.
Acompasado todo a los gritos de gol de Solé y Duilio, de Cheto Pelliciari y Heber Pinto, que no llegaban nunca, claro está, al escenario celeste.
Allí donde transitaron los hermanos Roselló, Juan y Fausto, quien supo brillar en Nacional y Boca Juniors, además de la Selección.
Alfonso y Ramón Cantou, La Bordadora, que integró la legendaria delantera ramplense de Puente, Techera, Loza, Cantou y Peláez, que según mi viejo y el Colorado Galvalissi, que lo sufrió más de una tarde, debió ser Campeón del Mundo en Maracaná.
Uruguay Montevideo
El de zagueros enormes como Píriz y Dell’Acqua o Montenegro y Juan Moreira, el mismo que una tarde, ante la presentación del árbitro Martín Fierro, le dijo «mucho gusto, yo soy Juan Moreira», y la reacción del colegiado que pensó que lo cargaba y lo quería echar antes de empezar el partido.
Vieja y querida celeste, la del Uruguay Montevideo Fútbol Club, humilde y de rancio abolengo a la vez, por orgullo y amor propio.
De dirigentes como los Tropiano o un increíble Walter Silva, que sigue en la trinchera, trabajando a destajo por el cuadro de sus amores. O de Totola Di Nápoli, que tanto era entrenador como técnico, masajista, utilero o padre de todos nosotros.
Porque al cabo, esa vieja y querida celeste fue mi primera camiseta jugando al lado de tipazos como el Tierno Elbio Perdomo, Jorge Campanella, Fernando Toto Méndez, el Gallego Barcia o Chochó Traverso.
Y ahora que tanto se habla de Las Torres, recuerdo qué «papita» era meter los centros pasados al corazón del área, para que Jorge o el Tierno se divirtieran, como si tuvieran manos y guantes de seda en sus cabezas. Al cabo, la pelota terminaba en la red del arco contrario.
La vieja celeste. La de Uruguay Montevideo. De última fue generando mis experiencias de vida, las que no se olvidan, a pesar del ostracismo que hoy vive en la devaluada Liga Metropolitana Amateur.
La vieja celeste. Repasando 80 años de vida, que te quiten lo bailado. *
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