Derribando barreras
Muchos dicen que el verdadero periodismo y el más difícil, es el escrito. Yo aprendí que lo difícil se hace fácil cuando uno logra transmitir por medio de palabras, cosas diferentes plasmadas en una hoja de diario, que quizás mañana ya no exista, pero que permanezcan.
Este es el camino que Ruperto Long emprendió cuando asumió la presidencia del Comité Paralímpico Uruguayo, un trabajo de crecimiento espiritual que se complementa con su labor en pro del desarrollo tecnológico en el LATU. Ambos y por diferentes lados, por la grandeza del país y de los uruguayos.
Desde abajo
Sus primeros pasos en el deporte estuvieron divididos entre el fútbol y el atletismo. Siendo zurdo jugaba de back o half izquierdo, en equipos de baby fútbol y en el cuadro del balneario Solymar donde pasaba sus veranos. En la pista, corría 400 metros.
«Creí que corría bastante bien hasta que tuve una beca por estudio y fui a parar a Los Angeles, en el año 69. Tengo que decir, para ser sincero contigo y los lectores, que mi mejor resultado fue cuando salí penúltimo. En ese entonces tenía 16 años y aprendí que para ser realmente competitivo en el deporte se tiene que empezar muy joven, de abajo».
«La raqueta la agarré de veterano, por primera vez a los 35 años, hace trece. Llegué a cuarta categoría, según la Asociación Uruguaya de Tenis, sé que no es gran cosa pero siempre me entreveré en campeonatos y tengo 7 u 8 copitas que son un orgullo.
En el tenis mejoré el penúltimo puesto del atletismo, incluso el año pasado gané en dobles, en el Club Nacional de Football, una copa que me entregó Magurno como directivo (lo cual fue muy simpático)».
Ingeniero y alpinista
Siempre quiso ser ingeniero y alpinista. Su padre estaba fascinado con la ingeniería porque seguía con la tradición familiar, pero lo del alpinismo… no lo convencía demasiado.
«Hace cuatro años atrás cuando mi hijo tenía 16, le propuse la idea y le encantó. Nos pusimos en campaña y ya hemos atacado dos veces el Aconcagua, que no fueron exitosos en cuanto a llegar a la cima pero fue muy formativo. Escalamos picos de 3, 4 y 5 mil metros de altura, él con mayor fortuna que yo, porque a veces me quedo por el camino, pero es apasionante».
Patrimonio celeste
Gran hincha del fútbol, siente un sano fanatismo por el Club Nacional, que no ve tanto como a la selección y considera que el fútbol es un patrimonio que no podemos perder. «El fútbol es un gran factor de cohesión de la sociedad uruguaya, no de división o violencia, eso hay que condenarlo con toda la energía. Hay un fanatismo sano, ese de los lunes de mañana cuando uno le hace señas con los dedos al amigo según el número de goles que hizo el equipo. Lo otro es que para un país, construir una imagen es tremendamente difícil, más para uno pequeño como el nuestro. Sin embargo en el mundo todavía nos conocen por el fútbol y eso es algo que no se tiene que perder. Aspiro a que Uruguay clasifique a este mundial, no sólo porque va a ser magnífico verlos sino porque es un patrimonio que no podemos abandonar».
Escasa madurez
Para el ingeniero Long lo peor del fútbol uruguayo es la venta de jugadores a corta edad.
Una problemática que no sabe cómo se resuelve pero de la que habría que tener una política más consistente.
«Sé que no es fácil de revertir. Eso nos impide ver fútbol acá y que ellos se formen lo suficiente para desembarcar en ese mundo que es Europa. A la prueba está que varios jugadores excepcionales de nuestro país están jugando de suplentes o en segunda división porque no se les ha dado la madurez. Tampoco ayuda a criar o crear a los que vienen abajo, entonces, tenemos el ciclo de producción cortado con los muy jóvenes o los que ya vuelven veteranos. Es una lástima que nos falte esa franja del medio, porque creo que si los vendiéramos a los 23 o 24 años el ciclo se completaría.
Otro es un tema no de fútbol pero sí de clubes. No digo que tengan que pasar a ser sociedades anónimas pero sí con un gerenciamiento en serio. Tenemos muchos años de administración y en el último tiempo de crisis la gran habilidad de un dirigente es cinturear las cosas para lograr que el club no cierre ni se remate. Hay muy poco de futuro, de proyección. Hay excepciones pero visto en perspectiva tenemos una carencia».
Jugadores sin novelería
La mezcla, con jugadores del exterior y del medio local, es lo más adecuado para conformar la selección. A su parecer ahora el equipo se está integrando bastante bien. «Hay jugadores que son indispensables, soy de los que nunca dejó de ser hincha del Chino Recoba, a pesar de los resultados y del año complicado.
Tampoco se puede traer a cualquiera porque tenga dos partidos bien en el exterior, esa novelería que se dio en algún caso hay que matarla. Hay que traer a aquellos que a lo largo de un período importante en el exterior mostraron que se entreveran. No serán tan excepcionales como a veces se pretende pero ayudan».
Crecimiento humano
Asumir la presidencia del Comité Paralímpico Uruguayo fue una satisfacción impensada para Ruperto Long, un obsequio que desde el plano personal incentivó su crecimiento como ser humano.
«Veo que hay muchas cosas para hacer y que es necesario hacer. Cuando se habla del tema de las capacidades diferentes, muchas veces no se tiene conciencia de la cantidad de gente que está en esa situación. Estamos hablando del 10% de la población, 300.000 personas en el Uruguay y a pesar de eso no se terminan de derribar las barreras mentales. El término capacidad diferente es muy exacto porque todos tenemos limitaciones para ciertas cosas, lo que pasa es que algunas son físicamente más visibles que otras, pero en definitiva nada más que eso. El haberme involucrado en esto terminó de derribar esas barreras mentales y me ha hecho un bien en el plano personal, por eso me dio una satisfacción que no esperaba y que me hizo crecer como ser humano. Hoy me siento codo con codo con un montón de gente haciendo cosas buenas y positivas».
Ingenio uruguayo
No es extraño imaginar que el presupuesto del que dispone el Comité Paralímpico Uruguayo no alcanza ni para los más mínimos recursos.
«En este momento recorremos grandes empresas públicas y privadas porque el presupuesto que el comité tenía, con el componente público y privado, era de 20 mil dólares por año. Si con eso es posible abrirle puertas a este número de gente es realmente milagroso. Lo primero, y hay que decirlo, es tener un presupuesto mejor y eso depende del apoyo de todos los sectores. No pretendemos cifras espectaculares porque el ingenio uruguayo es formidable y mucha gente ayuda, donando o prestando algo, pero hay que tener un mínimo de recursos.
Necesitamos organizaciones más comprometidas, muchas empresas colaboran con el deporte en general pero muy pocas lo hacían con el de discapacitados, hasta ahora. Tenemos un destaque increíble de atletas paralímpicos y no queremos invertir en ellos».
Como decía Borges
Cuando uno ayuda a aquellos que tienen mayor necesidad la gratificación es más grande. Y es sorprendente cómo de su parte valoran hasta los más mínimos detalles, esos que los que nos creemos «iguales» o «normales» desconocemos.
«Estos deportistas son una parte creciente de mi vida. Antes podía ser un término genérico «gente con capacidades diferentes» pero hoy es gente con nombre propio. Uno ve personas en este país que la vida le ha dado tantas oportunidades y sin embargo tienen una carga de pesimismo y descorazonamiento, que a veces no se comprende. Cuando uno encuentra gente en circunstancias mucho más duras que las que cualquiera de nosotros soporta, porq
ue desplazarse en una silla de ruedas todos los santos días de Dios, no es cosa sencilla, y sin embargo tienen una energía y una onda positiva. Además se aprende a tener menos problemas imaginarios y más reales como decía Jorge Luis Borges».
Así entre tecnología, fútbol, atletismo, tenis, historias y esperanza, Ruperto Long continúa su sueño de alpinista para escalar un pico más alto que el Aconcagua que conduce, sobre todas las cosas, a la cima de los derechos de la igualdad y la esencia del ser humano. *
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