¡Qué bien juega Danubio!

Sin importar el resultado, ni su ubicación al finalizar el año, lo de Danubio es lo más recomendable como espectáculo futbolístico.

Prescinde absolutamente de esas patotas defensivas, establece el orden con funciones individuales, demostrando que no es necesario doblar o triplicar la marca para que la función resulte eficaz.

Como comienzo estratégico, elige muy bien el golero, Contreras, que es un jugador más porque sabe jugar con los pies, siendo el primer defensor. Pero también es el primer ofensor, repentiza y arriesga con la pelota e incluso supera en destreza con la misma a muchos zagueros del medio.

En la zaga resalta la eficacia de Lucas, que por su velocidad se asemeja a un wing. En los mano a mano es prácticamente impasable y cuando agarra la guinda, juega con sus volantes –como debe ser– no depende del tedioso pelotazo como solución exclusiva.

Su número cinco, Marcelo Sosa, labura y juega, empuja y mete, cambia de frente y pone pelotas en profundidad con un destino cierto, patea de distancia al arco, pretende y juega un fútbol ideal para ese sector.

Ruben Olivera sobrelleva la presión histórica de jugar en la zona de enganche, donde con otro nombre esa función la cumplían nada menos que el «Chueco» Romero, el «cumba» Burgueño, el «Cheto» Hernández, don Raúl Bentancour. El «Pollo » se hace una fiesta jugando en esa posición, driblea, encara, guapea y quiere la pelota siempre. En definitiva, un jugador para cualquier época.

Los de la Curva han confeccionado un conjunto armónico, de un gran equilibrio fútbolístico-emocional y también es distinto, o quizás muy similar a los grandes equipos uruguayos, donde el banco de suplentes era fundamental para conservar, restablecer o confirmar un resultado, cuando la natural energía de los titulares comienza a menguar.

Danubio tiene una «Ferrari» en el garaje: Diego Perrone; y si esto no alcanzara, como contra Peñarol, cuenta con un tal Ojeda, que prepara el juego y golea con la misma eficacia.

En definitiva, los de la franja presentan un estilo definido de juego, lo que determina que la afición futbolística, sensibilizada por una avidez de observar un cuadro de fútbol en serio, aplauda cada vez que ve jugar al equipo de Maroñas. *

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