El libro del Picaflor

–Picaflor, ¿festejó o lloró el domingo?

–Ni una cosa ni la otra. El Picaflor es hincha de él por lo tanto, no tiene sentimientos deportivos. Su mayor satisfacción es dar las primicias que los demás colegas no brindan a la opinión pública. Es en el único momento en que se siente reconfortado deportivamente.

–¿Estuvo por el Estadio Centenario?

–¿Vio el helicóptero que sobrevoló el Estadio Centenario? Aunque usted no lo crea, el plumífero se las ingenió para realizar sus vuelos rasantes desde una perspectiva bárbara. Además, puso a varios informantes en diferentes sectores para que trabajaran para él. Como siempre, respondieron a las mil maravillas.

–Cuente, cuente.

–Varios informantes le advirtieron al Troquílido que tenga cuidado porque han creado la «Dirección Peñarol de Inteligencia» –que compite con la oficial, la Dirección Nacional de Inteligencia– para espiar y dar con los informantes del plumífero. Están enloquecidos y quieren saber quién es el que está dando información «muy de adentro» del club. Los afectó el mismo virus que a Figueredo en la AUF, que a esta altura hasta desconfía de su nuera, que es su secretaria personal.

–Siga, siga.

–Uno de los informantes del Troquílido se sorprendió cuando en el Palco Vip individualizó a funcionarios de la empresa de seguridad y vigilancia que trabaja en el Palacio Peñarol, que estaban protegiendo a un dirigente.

–¿Los dirigentes de Peñarol llevaron guardaespaldas al Centenario?

–Uno de los informantes del plumífero se lo aseguró. También fueron vistos «guardespaldas» en otros sectores del Estadio, protegiendo la integridad física de otros dirigentes manyas. Lo que pasa es que han creado una psicosis persecutoria tan demencial que ahora ven fantasmas por todos lados. Y van al fútbol con protección porque tienen miedo de que los hinchas y/o socios los enfrenten y les canten las cuarenta.

–Lamentable, plumífero, muy lamentable.

–Estas cosas no se dicen en la audición oficial del club en CX 10. Pero forman parte de la estructura que algunos dirigentes –no todos y es bueno precisarlo– han montado para anquilosarse en el poder. Y no es de sorprenderse que ni el contador Damiani tampoco esté al tanto de estos acontecimientos. Los futbolistas, según expresaron al término del clásico algunos colegas vestuaristas, estaban molestos porque salvo Cabrera y el doctor Hermida, ningún otro dirigente bajó al camarín a apoyarlos.

–Lo que ocurre es que nadie quiere ser padre de las derrotas, ¿vio?

— Es cierto, pero los jugadores no son tontos y la tienen clara como fido dido. Llegado el momento, le van a pasar alguna facturita a más de uno. Salvo esos dos dirigentes, no pisó más nadie el vestuario. Y más de uno comentó que no es la primera vez que ocurre porque, tanto en el Parque Viera (Wanderers), como en Jardines (Danubio), ocurrió lo mismo. Los que pusieron la cara fueron Cabrera y Hermida, a los demás no se les vio ni en figuritas. *

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