LAS REFRANES TRICOLORES PARA GANAR EL CLAUSURA

¿Por qué ganó Nacional?

Difícil fue el camino que debió recorrer el equipo del Parque Central para llegar a coronarse el pasado domingo como mejor del Clausura, mucho más de lo que reflejan los números finales del campeonato, que finalmente mostraron una diferencia de cinco puntos sobre su tradicional rival, y tres sobre su más cercano perseguidor.

Los tricolores sufrieron un par de golpes duros a lo largo del torneo, pero sustentados en cuatro pilares básicos, cimentaron la conquista del torneo, dentro y fuera de la cancha. Ambición, unidad, administración y concentración, resultaron las cuatro bases en que se apoyó el club de los hermanos Céspedes.

Si Martín Fierro y algún otro gaucho amigo intentara explicar esta campaña tricolor, seguramente encontraría algunas frases bastante apropiadas:

«P’adelante son las casas»

Cuando uno quiere algo, necesariamente debe arriesgar, debe ir «p’adelante», como lo hizo la Directiva presidida por Ache a mediados de año. Entendieron que se debía reforzar el plantel, aún haciendo un importante esfuerzo económico, y lo hicieron: Milton Núñez, Raúl Cardozo, Pedro González, Saúl Martínez y Sebastián Abreu, se sumaron a Limberg Gutiérrez, que llegó a principios de año, entre las caras nuevas de los tricolores, pensando fundamentalmente en la necesidad de aportarle más gol al equipo.

Los resultados están a la vista, principalmente en los casos de «Tyson» y «El Loco», dos de los que aportaron su talento para esta consagración.

«Los hermanos sean unidos, es esa la ley primera»

Las pasadas elecciones de autoridades en el club, que marcaron una muy pareja disputa entre Eduardo Ache y Víctor Della Valle, auguraban una conflictiva relación de la nueva Directiva, en la que los intereses personales prevalecerían sobre los del club.

Sin embargo, cuando hubo diferencias, estas se mantuvieron de las puertas del club hacia adentro, porque «la ropa sucia se lava en casa», según le gusta decir siempre al presidente albo. Pero no solamente entre los dirigentes existió unidad, sino que entre ellos y el cuerpo técnico –lo mismo que con los jugadores– también la hubo, no permitiendo que trascendieran las diferencias entre las partes.

Lo mismo pasó con el plantel: una vez que se fijaron un objetivo, cerraron filas en pos del mismo, y fueron «uno para todos y todos para uno», asumiendo las culpas en conjunto cuando pudieron ser solamente de uno, estando junto al compañero que lo necesitaba, o simplemente festejando todos juntos un gol, demostrando en un enorme y multitudinario abrazo, que reunía a titulares y suplentes, lo compacto que estaba el grupo.

«Cada lechón en su teta, es el modo de mamar»

Toda organización que se precie de tal, debe estar sustentada en cierta administración, donde cada uno cumpla con sus roles: tenga sus obligaciones pero también tenga apoyo de los demás para tomar decisiones dentro de su área específica. Y Nacional la tuvo. Los directivos tomaron decisiones, polémicas o no, defendieron los intereses de su club, y pelearon a capa y espada fuera de la cancha para que los jugadores ganaran dentro. Los futbolistas cumplieron, cada uno en su cometido: uno atajando, algunos «metiendo» y otros convirtiendo; el cuerpo técnico también, cada uno en lo suyo.

Nadie invadió áreas ajenas, y respetó la idoneidad dentro de su área de cada especialista; quizá el ejemplo más claro haya sido cuando los tricolores plantearon al técnico la posibilidad de realizar algunos partidos en el viejo continente. De León respondió, tajantemente: «Si quieren perder el Uruguayo, vayan a Europa»; todos saben lo que pasó, Nacional se quedó en Montevideo.

«La fe mueve montañas»

En su momento, los integrantes del plantel tricolor decidieron dejar a un lado todo aquello que pudiera distraer sus mentes del gran objetivo: ganar el Clausura para poder jugar las finales del campeonato a fin de año.

Pusieron toda su concentración en la meta a cumplir, y de allí en más nada pudo alejarlos de su intención, porque estaban convencidos (técnicos y jugadores) que podían lograrlo, depositaron en ese propósito todas sus fuerzas, impulsados –según ellos mismos lo reconocieron– por el amor de sus familias, y para demostrarles a ellas que eran capaces se mentalizaron cien por ciento en el cumplimiento del objetivo.

Apenas si tuvieron dos momentos de distracción, justo para posibilitar los empates de Paysandú Bella Vista y Defensor, pero luego de cada uno de ellos, renovaron su juramento, y finalmente lo cumplieron.

O por lo menos parte de él, porque aún le quedan al año ciento ochenta minutos de fútbol, en los cuales, basados en estos cuatro grandes pilares, Nacional quiere construir su tan esperado sueño: el bicampeonato en forma consecutiva. *

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