De blanco se clausuró el clásico
No hubo argumentos válidos para romper una lógica que pareciera no existir en el fútbol.
No hubo una reacción «milagrosa» para evitar lo que todo el mundo veía como desenlace final.
Esta vez, el favorito cumplió con el rol y terminó dando la razón a la cátedra que vaticinaba el triunfo tricolor, conclusión del análisis previo, debido a lo expuesto por los dos equipos en los partidos anteriores.
De todas maneras los hinchas aurinegros confiaban en algún destello mágico para poder ganar el clásico. Esperanzados también, en que los nervios del rival le pudieran jugar una mala pasada y sacar provecho de esa situación.
Pero nada de eso pasó. Nacional ganó el encuentro con comodidad y con mucha luz de ventaja. Ni siquiera fue un final de bandera verde y los tricolores contaron con dos motivos fundamentales como fueron Abreu y Richard Morales, autores de los goles que edificaron la victoria.
Además fue el que colectivamente funcionó como un equipo verdadero, a diferencia de su rival, que fundamentalmente en el segundo tiempo fue un conjunto de estímulos personales que no concluyeron en nada.
Peñarol llegó una sola vez al arco rival pero Munúa salvó la plata
El primer tiempo fue bastante aburrido, más allá de que el partido se planteó al revés, ya que Nacional, que incluso le servía el empate, atacó más que su rival, que lo único que le servía era la victoria. Daba la sensación de que el objetivo aurinegro dentro del campo era sólo llevar el partido lentamente con el empate y quizás sobre el final arremeter en busca de la victoria. Quizás fue la estrategia fallida.
Esto afectó el espectáculo, ya que los albos no tenían apuro y Peñarol tampoco.
Fue tan pobre lo del equipo de Ribas, que en este tiempo llegó una sola vez con opción de gol, pero el gran remate de Bengoechea fue tapado por Munúa en una atajada espectacular que mandó el balón al corner. Después nada más para contabilizar.
Vanzini, que fue el patrón de la cancha, demostrando una vez más su vocación en los partidos clásicos, ya que dominó la zona media bien acompañado por Oscar Morales, Mientras que junto con el adelantamiento de los zagueros, hicieron que la pelota estuviera casi siempre en el campo rival. No encontraba Peñarol la salida y sólo pelotazos largos eran la única vía de comunicación con los delanteros. Pero con la contra de que la estatura de Serafín García no permitía pelear el balón en el aire. De todas maneras, García, que jugó como hombre de punta acompañando a Romero, se las ingenió para encontrarse con la pelota y fue de lo más destacable en su equipo en ofensiva. Ni Bengoechea, Cedrés y Canobbio pudieron encontrarse con el balón debido al buen trabajo de los tricolores, Varela, Gutiérrez, Vanzini y Morales, que anularon cualquier pretensión de creación. Como contrapartida, las subidas de Martín Del Campo juntándose con Varela, complicaban a Ruben Dos Santos y por allí llegaban los desbordes que terminaban en centros para Abreu y Richard Morales.
Mientras tanto, Limberg Gutiérrez probó un par de veces con remates de pelota quieta que pasaron cerca del arco y en otra Berbia no pudo contener y el rebote fue despejado. Pese a que fue un poco mejor, el tricolor no pudo abrir el marcador antes de ir al descanso y debió conformarse con el empate. De todas maneras, así igualmente era campeón.
Dos razones para festejar
En la segunda parte cambió rápidamente el partido, ya que cuando tan solo transcurrían siete minutos, el árbitro pitó un penal a favor de los tricolores que Abreu transformó en gol.
El penal existió y fue acertada la decisión de Vázquez, que en el aspecto técnico dejó alguna duda y en la disciplina de los jugadores muchas más.
Este gol del «verdugo» del Clausura, que remató con la seguridad y clase que lo caracterizan, podía cambiar el partido, ya que la obligación de ganar era imperiosa para los aurinegros y debían salir a buscar el resultado. Sin embargo no sucedió lo que se podía prever y la rebeldía de algunos jugadores chocó contra el buen planteo tricolor. La excepción fue Robert Lima, quien dejó el alma en la cancha, contagiando a su hinchada que lo ovacionó en reiteradas oportunidades.
Con un jugador menos, debido a la expulsión de Bizera, cuando el penal, parecía imposible ese «milagro» aurinegro. Además a medida que transcurrían los minutos era un equipo muerto en el campo. Sin reacción, peso ofensivo y lento en el campo, no encontró jamás la fórmula para por lo menos preocupar a su rival.
Pocos minutos después Richard Morales con impresionante golpe de cabeza anotó el segundo tanto y liquidó el partido.
Desde ese momento en adelante Nacional se sintió campeón, tocó el balón por todos los sectores del terreno y Peñarol corrió sin ton ni son. Ribas intentó con los cambios que no resultaron y nada pudo cambiar la imagen de su equipo, que deambulaba en forma fantasmal por el terreno.
Pero el principal error del técnico estuvo en no apoyar en la contención de la media cancha a Casanova con otro jugador que recuperara en esa zona. Allí perdió desde el primer minuto parte del partido, pues jamás tuvo la pelota, salvó en algunos pasajes del primer tiempo, pero fue muy esporádico. Si bien intentó jugar con dos puntas, Serafín García no fue gravitante en esa función, quizás como volante hubiese sido más efectivo ayudando a Casanova, ya que ni Bengoechea y Cedrés sienten esa función, y quizás Gabriel pudo ser más importante como punta, o quizás Canobbio.
Por allí pasó uno de los déficit aurinegros, agregado a lo poco que fue colectivamente, un equipo sin ideas. Pero esto no es nuevo sino que lo viene arrastrando desde hace unos cuantos partidos.
Con esta derrota, que pudo ser mucho más abultada si Nacional lo hubiese querido, finalizó un año negro para Peñarol que deberá entrar en un período de revisión y autocrítica para intentar mejorar en la temporada venidera.
Finalmente los bolsos festejaron merecidamente la victoria y la obtención del Clausura, que les permite el acceso a la final por el Campeonato Uruguayo con Danubio.
El resultado final fue justo, Nacional fue más equipo y contó con jugadores importantes que hicieron la diferencia. En lo previo muchos coincidían en que Nacional estaba dos goles por encima de los carboneros, finalmente fue así. Nacional, de blanco, clausuró el clásico y ahora sueña con más, el año todavía no terminó para los bolsos. *
PEÃAROL 0
Adrián Berbia (5)
Cafú (6)
Joe Bizera (5)
Robert Lima (7)
Ruben Dos Santos (5)
Pablo Bengoechea (5)
Jorge Casanova (4)
Gabriel Cedrés (5)
Serafín García (6)
Fabián Canobbio (5)
Luis Romero (4)
Suplentes: Federico Elduayen, Marcelo De Los Santos, Leonel Pilipauskas y Fabián Césaro.
Cambios: 58´ Adao (-) por Jorge Casanova, 79´ Carlos Bueno (-) por Serafín García y 85´ Oscar Aguirregaray (-) por Adao.
NACIONAL 2
Gustavo Munúa (6)
Martín Del Campo (6)
Alejandro Lembo (7)
Damián Rodríguez (5)
Raúl Cardozo (5)
Marco Vanzini (8)
Oscar Morales (6)
Gustavo Varela (6)
Limberg Gutiérrez (5)
Sebastián Abreu (7)
Richard Morales (7)
Suplentes: Leonardo Romay, Jorgeao, Ruben Sosa y Sergio Martínez.
Cambios: 58´ Carlos Camejo (5) por Limberg Gutiérrez, 76´ Fabián Coelho (-) por Richard Morales y 79´ Milton Núñez (-
) por Gustavo Varela.
Goles: 53´ Sebastián Abreu de penal (N) y 71´ Richard Morales (N).
Jueces: Martín Vázquez (4), Marcelo Costa y Carlos Pastorino.
Tarjetas rojas: 51´ Joe Bizera (P), 73´ Julio Ribas (DT de P) y 86´ Carlos Bueno (P).
Tarjetas amarillas: 14´ Gustavo Varela (N), 23´ Gabriel Cedrés (P), 52´ Pablo Bengoechea (P), 55´ Oscar Morales (N) y 63´ Luis Romero (P).
Cancha: Estadio Centenario.
Público: 45.000 espectadores.
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