El libro del Picaflor
—Picaflor, este clásico va a quedar en la historia como el de la Amsterdam a 20 pesos. ¿Hasta cuándo van a seguir hablando?
–Antes que nada, El Picaflor le recomienda que lea el informe de la parte superior de esta página. Está todo dicho. El invento, otra vez volvió a matar al inventor…
—Todo esto le vino al pelo a Jaurena para seguir con el respirador artificial, ¿no?
–No crea. El Picaflor, estuvo investigando el tema ayer y confirmó datos por demás interesantes que posicionaron mejor a Hugo Jaurena.
—Cuente, cuente.
–Como lo informó LA REPUBLICA con lujos y detalles, el ideólogo de la renuncia de Jaurena como presidente de la Mesa Ejecutiva, fue Juan Pedro Damiani, quien reconoció ante sus pares del Ejecutivo que su padre lo estaba presionando para voltearlo. Hete aquí que, hecho público el motivo por el cual querían cortarle la cabeza a Jaurena, entró a escena el Club Nacional y advirtió a Figueredo que iban a estar vigilantes del desenlace del caso.
—¿Y?
–La cuestión se le complicó a Figueredo porque ahora ya no sólo tiene que hacerle el gusto al nene del contador sino que también debe hacer equilibrio con Nacional. Porque aunque mucha gente que se puede haber olvidado, Jaurena es hincha fanático de Nacional, a tal punto que tiene más de 30 años en sus registros sociales. Cuando los bolsos vieron que Damiani Jr. había condicionado su permanencia en el Ejecutivo a la decapitación del presidente de la Mesa Ejecutiva, saltaron como pelota de goma y le hicieron un llamado al presidente de la AUF.«Acá la cuestión es muy clara. Si Figueredo saca a Jaurena para cumplir con una condición de Juan Pedro (Damiani) y de Peñarol, Nacional va a sentirse agraviado por la resolución y le puede quitar la confianza a Figueredo», comentó al plumífero un dirigente de Nacional. ¿ Qué me dice?
—Prepárese, Troquílido, que se tiene otro quilombo en puerta.
–El horno no está para bollos. Al plumífero le había llamado poderosamente la atención que Nacional se hubiera mantenido de brazos cruzados y de boca cerrada, ante el anunció de la decapitación de Jaurena. Ocurre que los bolsos, decidieron jugar el partido en silencio para no hacer tormentas con matraca. Según un informante del Troquílido, la decisión de Figueredo de mantener a Jaurena en funciones hasta la finalización del Uruguayo, no fue suya sino se debió a la presión que Nacional le metió en defensa del presidente de la Mesa Ejecutiva. Nacional no acepta que Jaurena se tenga que ir porque no le hizo el favor a Juan Pedro Damiani de habilitarle a Nicolás Rotundo para el clásico, cuando el Reglamento General es categórico al respecto.«Si dejamos que echen a Jaurena porque hizo cumplir el Reglamento, en poco tiempo más tendremos que soportar que al señor Juan Pedro Damiani se le ocurra cualquier barbaridad jurídica y se lo vamos a tener que tolerar porque si no él renuncia. ¿Acaso este señor cree que es imprescindible en la AUF?», comentó el mismo dirigente tricolor al plumífero.
—En el fondo, su informante no dejaba de tener razón.
–¡Por supuesto! Bajo ningún punto de vista se puede permitir que un dirigente para mantenerse en el cargo –caso Jaurena– tenga que violar el Reglamento para satisfacer una condición de un club. En este caso se trata de Peñarol pero como principio, es repudiable que ocurran estas cosas en el fútbol uruguayo del siglo XXI.
Pensar que estos mismos dirigentes que se llenan la boca y dan clase de cómo se tiene que administrar el fútbol, por detrás de bambalinas, presionan a otro para que viole el Reglamento así favorece al club de sus amores…
—Sencillamente, una inmoralidad.
—Por favor, abra la ventana, que el plumífero tiene ganas de vomitar.
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