El libro del Picaflor

–Picaflor, ¿qué menú preparó para hoy?

–El menú de hoy es una bomba.

–¿Qué pasó?

–Un informante del plumífero se contactó con él, le dio pistas muy firmes y logró confirmar la veracidad de la denuncia. Usted sabe que El Picaflor no tira nunca bolazos; investiga, chequea y cuando tiene la posta, activa el arsenal.

–Déjese de dar vuelta como perro antes de echarse y vaya al grano.

–La noticia es vox populi en la popular Villa del Cerro. Un muy prestigioso ex árbitro internacional se fue a los Estados Unidos hace un mes aproximadamente pero, antes de viajar, vació una cuenta corriente que tenía con unos ex colegas, amigos íntimos, en una institución bancaria.

–¡Cómo!

–Como acaba de leer. Varios ex colegas hacen piruetas en el aire, festejan, porque dice que ellos siempre desconfiaron de los valores de su compañero que, ante la afición deportiva, trasmitía una imagen de hombre con muchas convicciones pero en la interna se sospechaba de él por algunas actitudes.

–Sáqueme de esta duda por favor y dígame quién fue el ex árbitro que se marchó con guita ajena para los Estados Unidos.

–¡Eduardo Dluzniewski!

–¿»El Polaco» metió la mano en la lata?

–Lamentablemente, sí. De acuerdo a lo que le expresó Daniel Lambach al Troquílido, Dluzniewski, abusando de la confianza que le habían otorgado Javier Castrilli y él, retiró sin decir nada de un banco de plaza U$S 25.000 que estaban destinados para construir un complejo deportivo en el terreno de la sede de Cerro.

–Dluzniewski acaba de ganarle un juicio a Peñarol y al contador Forné, ¿no?

–Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, como dice Kesman. La semana pasada, un Tribunal de Apelaciones en lo Civil, condenó a Peñarol (80%) y al contador Pedro Juan Forné (20%) a pagar una indemnización por el daño moral provocado por la difusión maliciosa de un pacto antideportivo en un clásico jugado en 1999. De esa suma, U$S 15.000 corresponden a Dluzniewski, U$S 6.000 a su esposa –que se había ido a Estados Unidos un mes antes de hacerlo él– y U$S 4.000 a cada una de sus hijas… Pese a que el tema pasará a la Suprema Corte de Justicia porque impondrán un recurso de casación, judicialmente, Dluzniewski está muy bien posicionado frente a Peñarol y Forné.

–¿Y Daniel Lambach qué dice del tema?

–Está muerto. Y ni qué decir de Javier Castrilli, para quien Dluzniewski era su persona de confianza en Uruguay. Le cobraba sus honorarios en El País por la columna que escribía todas las semanas, era el gestor de las charlas que dictaba en nuestro país y en base a esa confianza quedó como apoderado para manejar la cuenta de U$S 25.000 que Castrilli había conseguido, con unos bancarios argentinos que tienen banco en Uruguay, para la construcción del complejo «Villa del Cerro». Según Lambach, Castrilli se siente traicionado, está decepcionado por la actitud de Dluzniewski, quien, según su socio, fue retirando de a poco el dinero para afrontar otros compromisos domésticos. El día que Lambach lo «apretó» para poner las cosas en orden, saltó que hacía tiempo que había retirado el dinero del banco sin consentimiento de Castrilli –que era el que había conseguido la guita– y de Daniel Lambach, que era el otro socio del proyecto.

–¡La-men-ta-ble!

–Muy triste. Lambach está muerto, al igual que Castrilli. Nunca pensó que su amigo lo fuera a traicionar de esta forma y dice que difícilmente retorne al Uruguay porque en el Cerro harían cola para cobrarle otros clavos que dejó antes de ausentarse del paisito con destino a los United States. *

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