El libro del Picaflor

–Picaflor, ¿qué quilombo hubo anoche en la AUF que la gente se agolpó en la calle Guayabo?

–Despacito y por las piedras. Usted no vaya a meter la pata porque el quilombo esta vez fue en la vereda de la Asociación y no dentro de ella.

–Pero hubo escenas de pugilato, ¿no?

–La verdad es que usted tiene tan buenos informantes como El Picaflor. Exactamente, hubo una escena imperdible en la que una dama le dio una reverenda paliza a una persona del sexo masculino.

–¿Cómo?

–El sexo débil, anoche, demostró que también es fuerte. De acuerdo con la información que recogió el plumífero de testigos presenciales del improvisado combate de box, la pareja se aprestaba a ingresar a una casa de masajes de las proximidades. Por razones que se tratan de establecer, como dice la crónica policial, la pareja discutió al frente del 1531 de la calle Guayabo y terminaron a las piñas. La dama, iracunda e incontenible, golpeó reiteradamente al caballero que no pudo evitar la descarga de golpes certeros de la compañera. ¿Qué pasó?

–Esta es la pregunta del millón.

–Lo que pasó nadie lo va a saber a ciencia cierta. La discusión no fue por un tema del momento porque es claro que la pareja iba a rendirle culto a Eros. Podrá imaginarse que fue la gran nota de la noche en la casa del fútbol. Los circunstanciales visitantes de la Asociación pudieron disfrutar desde una ubicación estratégica, la paliza que la dama le dio al caballero. La cita terminó a las trompadas y el sexo quedó para otra oportunidad.

–¿ Intervino la Policía?

–No señor. Fue todo muy rápido como violento. La mujer después de demostrar sus dotes de «taysonianos» se perdió por la calle Vázquez rumbo a la principal avenida. Tenga cuidado si resuelve tener una aventura fugaz porque le puede salir el tiro por la culata.

–¿Alguna otra novedad?

–Los dirigentes quedaron muy bajoneados después de visitar el Parlamento por el impuesto a las transferencias deportivas. Fueron con el objetivo de hacerle el mandado a Paco Casal y se retiraron apesadumbrados porque no pudieron convencer a los parlamentarios con sus argumentos.

–Otro ejemplo irrefutable de la pérdida de credibilidad que tiene la mayor parte de la dirigencia de nuestro fútbol, ¿no?

–Exactamente. Un pensamiento que El Picaflor ha venido sosteniendo desde hace mucho tiempo. Los diputados se dieron cuenta de que el discurso que tenían los dirigentes como la Mutual tenía menos peso que una pluma y ahora la aprobación del 10% parece inevitable. Figueredo no podía disimular anoche su tristeza por el fracaso de su misión ante los representantes del pueblo que lo escucharon con mucha atención pero no le dieron bolilla. Igualmente tuvo buena disposición para realizar una misión de espionaje antes de retirarse…

–Cuente, cuente; ¿a quién espió Figueredo?

–A Mario Pereyra Voce.

–¿Al Pelado?

–Al mismo Pelado. Hete aquí que cuando se retiraba de la AUF, Mario Pereira estaba en la vereda conversando con algunos amigos. Figueredo, que dio la orden de que no podía entrar a la Asociación, se percató de su presencia y quiso asegurarse de que no iba a violar su resolución. Cuando se retiraba junto al doctor Pastorini en el auto de este último, dio tres vueltas alrededor de la manzana para asegurarse de que el «Pelado» no burlara su resolución.

–Lamentable.

–Vergonzoso. Con los problemas que tiene el fútbol uruguayo, el presidente de la AUF pierde el tiempo espiando a Mario Pereira porque, según le ha dicho a sus amigotes, está bajo sospecha de ser uno de los informantes del Troquílido. Una idiotez que no resiste el menor análisis.

–¿El colesterol no le estará jugando una mala pasada al presidente?

–Es un problema del presidente. Lo que El Picaflor no quería era silenciar esta anécdota porque refleja dónde está la mente del presidente del fútbol uruguayo, cuando la selección está con un pie afuera del Mundial de 2002. Inadmisible. *

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