JORGE LARRIONDA, FIGURA DE LA ETAPA

De villano a héroe en 90′

Por esa extraña aleación de bronca, frustración y hasta indiferencia que los futboleros exteriorizan a garganta caliente en los estadios, los árbitros permanentemente son los destinatarios de los más gruesos insultos, de los odios permanentes, de los silbidos de desaprobación y hasta de las chanzas más irónicas.

Sin embargo, la excepción de la regla se cumple como en todos los órdenes de la vida, aunque haya que esperar que los almanaques deshojen los días para que ocurra.

Y esto ocurrió el domingo pasado.

Un domingo de fútbol diferente, porque quedará marcado en la memoria de la gente y fundamentalmente en las páginas de los que manejan las estadísticas, que Jorge Larrionda, el árbitro de Peñarol- Villa Española, sancionó cinco penales, tres de ellos contra el grande, en un hecho histórico en el profesionalismo uruguayo.

Pero como rareza tiene sus particularidades, porque esta vez el villano fue el héroe.

Esta vez pudo más la lógica evidente que el fanatismo idiotizante que practican como culto permanente los fanáticos de las hinchadas. Esta vez Jorge Larrionda les ganó a todos y pese a cobrar tres penales a un grande –con los riesgos de boomerang que ello puede significar– se ganó el respeto, el reconocimiento y se metió de cabeza en la historia.

Un lunes totalmente diferente

Larrionda pasó un lunes diferente, aunque realizó su labor de cobranza en una empresa privada como es habitual, «pero hubo que aguantar las bromas», dijo.

«Prácticamente después del partido fue una constante. Primero mi familia, después mis amigos y hoy (por ayer) hasta algunos clientes y compañeros árbitros, que me llamaron para felicitarme pero para gastarme alguna broma. Pero son circunstancias que se dan en una tarea que realizamos con mucho cariño», añadió el árbitro, a quien ayer no le tembló la mano para marcar cinco penales ante 12.000 personas. Pese a estar en el «tapete» por esos cinco penales que lo llevaron a la historia, dijo Larrionda: «Más que virtud del árbitro acá tenemos que hablar de dos equipos con propuestas abiertas, de ataque y que entraron mucho al área, lo que provocó en definitiva que se dieran muchas faltas que fueron sancionadas como me pareció que correspondía».

«En general –añadió– fueron jugadas en ataque contra defensa pero individuales, lo que hizo que se pudieran ver bien, aunque quizás podrá haber más de una opinión en las faltas sancionadas.

Pero fueron muy visibles desde cualquier parte del estadio y no quedaron dudas».

Se dedicó al arbitraje para estar cerca de la pelota

Larrionda, quien confesó que eligió ser árbitro por «amor por al fútbol», el cual desde pequeño jugó en baby y posteriormente cuando la adolescencia le pintaba el rostro con la primera barba, tuvo algún pasaje por algún equipo de Primera División.

«Pero como mis condiciones no eran muy buenas, me dediqué al estudio».

Encontró la «vocación arbitral» casi por casualidad, a la que ayudó bastante.

«Un día, mirando la prensa, me enteré de un llamado para árbitros y pensé que era la única forma de estar en una cancha y cerca de una pelota y me anoté».

Larrionda reconoce en Ramón Barreto y en Miguel Rodríguez, que fueron sus profesores, los que lo introdujeron en el mundo del arbitraje y a los que les estoy eternamente agradecido».

«Se está haciendo tabú arbitrar en el Centenario»

Larrionda demostró que no se calla nada y no duda en señalar que en los últimos tiempos se ha ido formando una especie de «tabú» en torno a los arbitrajes, cuando les toca arbitrar en el estadio a un grande.

«Se ha dicho con frecuencia que en jugadas divididas se favorece al grande, pero en realidad nosotros no tenemos posibilidades en salir a responder cada vez que se hace ese tipo de comentarios y además entiendo que no es bueno que el árbitro entre en polémicas».

Sin embargo, tiene una explicación que es buen argumentada. «Lo que pasa es que muchas veces, casi la mayoría, el equipo grande es el que más entra al área, el que más tiene la pelota, el que más ataca y, por lo tanto, tiene más posibilidades de que le cobren un penal o una falta dentro del área…

Lógicamente que hay errores y reconozco mis errores –seria de necios no hacerlo– pero muchas veces la prensa generalmente nos enjuicia con errores que no son tales».

Larrionda bromea cuando le mencionamos el récord logrado y admite: «Es mas récord lograr la unanimidad de opinión entre la prensa uruguaya –que es muy crítica– que cobrar cinco penales».

Antes se habían sancionado cuatro penales, en un partido por el Uruguayo, en dos ocasiones. En 1974, cuando Peñarol cayó ante Liverpool 5 a 2, y en 1975, cuando Nacional derrotó a Rentistas 3 a2.

El referato uruguayo puede ser más profesional

El joven e histórico árbitro reconoce que al referato uruguayo le queda aún un margen para alcanzar al profesionalismo ciento por ciento.

«A los árbitros nos cuesta llegar a nivel profesional debido a que tenemos una tarea extra, ya que el referato no es nuestra prioridad».

Reconoce que esto es como un «hobby»: «Por más que estemos inmersos en un profesionalismo que cada día mueve más dinero, los árbitros aún somos una figura que esta más cerca del amateurismo que del profesionalismo».

«Y no hablo sólo del dinero sino de condiciones de entrenamiento y capacitación.

Hay un montón de cosas que el árbitro necesitaría para poder mejorar su performance.

Lo ideal sería que el árbitro se dedicara completamente a esto, porque si tenemos la obligación de entrenar sólo dos horas por semana, lo primero que dicen es que no puede ser…», subrayó Larrionda.

Sencillo, claro, honesto y muy preciso en sus respuestas.

Con firmeza en sus apreciaciones, como cuando debe actuar en la cancha, Larrionda dejó entrever sus impresiones, aunque ya mañana estará con la cabeza despejada para comenzar a pensar que en el próximo partido tendrá otro examen con la gente, pero fundamentalmente con su conciencia.

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