Jugamos sin seguro
Cuando los uruguayos poseíamos una disponibilidad económica, más o menos fluida, procuramos un buen seguro para el auto. Con el tiempo, el deterioro financiero se hizo cada vez más profundo y la mayoría de los orientales, tomamos el riesgo de manejar a lo «Charrúa». Con el fútbol acontece algo muy similar.
Jamás estamos seguros de nada, el partido del domingo es una muestra cabal de una irregularidad que exaspera a toda una afición futbolística, que no llega a entender por qué disponiendo de todo un cúmulo de posibilidades reales, echamos estas «barracas» inconducentes.
Cuando comenzaron estas eliminatorias, establecimos que con treinta puntos estábamos dentro del próximo Mundial. Quedan seis por disputar y si estos fueran positivos, nuestro pronóstico estaría dentro de la lógica que imaginamos.
Pero son tantos los desaciertos por los que transita la celeste, que sería un desatino decir que podríamos conseguir los seis puntos de aire, pero también pasaría por el mismo desatino destacar una boleta negativa frente a Ecuador y Argentina.
Si será raro nuestro fútbol, que tomando uno de los «pestos» más grandes que recuerde, tuvimos la posibilidad de concretar cuatro o cinco goles, por momentos el equipo se plantó con seis zagueros, imagino el barullo y desconcierto de los «espías» australianos. Sin Mario Regueiro, al que expresamente traían la consigna de observar, por considearlo pieza fundamental de la ofensiva oriental. Sorpresivamente, no apareció ni en el banco de suplentes. Uruguay utiliza los noventa y cinco metros del largo de cancha y contrariando la clásica postura de los ocho y los diez de siempre, generando maniobras previas para habilitar a los delanteros con cierta claridad, optamos por el pelotazo dividido que posibilitó dividendos, Collina mediante. Pero lo más sorpresivo de todo fue la entrada de Chevantón, cuando pensamos que el ex danubiano se tiraría atrás de los laterales contrarios para desbordar y hacer prevalecer su habilidad, se ubicó entre los zagueros contrarios. Limitando aún más todas sus posibilidades y las del equipo.
Creo firmemente que una oportunidad semejante como la del domingo es irrepetible. Jamás en mi vida de futbolista observé un árbitro de tan fantástica capacidad de criterio en favor de la celeste. Cuando el fabuloso super-Collina le va a sacar la tarjeta amarilla y se da cuenta que es Magallanes, gira sobre sí mismo y encuentra en la persona del central oriental la posibilidad de descargar su compromiso de expulsar al ariete oriental. Toda una postal la cara de estupor de Alejandro Lembo cuando percibe que es el receptor del tarjetazo.
¿Clasificamos? Con este entorno, estamos pendientes de diferentes circunstancias. Por ejemplo, fundamental, encontrar un árbitro con los mismos propósitos que el italiano. Por supuesto que futbolísticamente una mayor concentración en todas sus líneas. Con la actitud de siempre, pero agregándole un porcentaje de juego que en realidad es el faltante más notorio de que adolece el once celeste. Clasificar quintos es un hecho, lo que viene es otra historia… *
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