El puesto de los bobos
Es el puesto de los bobos, según el imaginario popular.
Desde que somos gurises, se va abonando ese aserto colectivo. En el picado de turno, luego de la clásica «pisada» entre los caudillitos del barrio, que permite establecer, por su orden, los mejores de cada bando, hasta que llega el descarte.
–Ché… van quedando el Cacho y el Gallego, ¿a quién elijo?
–Y… los dos son unos troncos, pero el Cacho es más grande… es bobo pero es grande… alguna va a atajar, por lo menos le encajarán algún pelotazo en el lomo….
¡Malaya triste destino, si te toca ser arquero!
Así se va definiendo el destino futbolero, de los chiquilines como el Cacho de esta historia, que por ahí llegarán (o no) a la fama jugando en ese puesto. El de los bobos.
Maldición de Malinche
Los demás jugadores pueden equivocarse feo y seguido, pero se reivindican con un pase magistral o un disparo certero que infla la red del colega que está enfrente.
Pero el arquero no tiene el perdón de la multitud.
¿Salió en falso y la embarró? ¿Qué quiso hacer… cazar mariposas? ¿Se le resbaló la guinda y adentro? ¿Hizo vista y la quedó?
Para él serán todas las puteadas.
Una pifia y regala un partido. O un campeonato.
¡Pobre de él! Sí, porque entonces la hinchada olvidará de manera intempestiva los elogios brindados por todas sus hazañas anteriores.
Y llega la condena que, seguramente, será eterna y hasta puede determinar su salida del club de sus amores.
Hasta el fin de sus días lo perseguirá una especie de Maldición de Malinche.
Sucedió con Barbosa, el del 50 en Maracaná.
Y que el letrista no se olvide de nuestro Nicola.
O el pobre Baleato contra los grandes. Una desgracia y se pasa a ser el enemigo Nº 1 de quienes deben alentarlo.
Como si todos los que rodean la cancha no se equivocaran nunca.
Pero el destino señala que la fiesta del fútbol es el gol.
Y el arquero está para sufrirlos.
La estrella del espectáculo es el goleador. O el que lo asiste con un buen pase o bajando una pelota de las alturas, para que el 9 la meta.
El arquero no hace goles. ¿No hace goles?
No los hizo hasta que apareció la excepción que confirma la regla.
¡Chi-la-vert!
Redentor de los bobos. De los supuestamente perdedores en la vida, que siempre, a la vuelta de la esquina, tendrán la posibilidad de darse de bruces con un tiro libre. Para ponerla en el ángulo y torcer el destino. En cualquier ámbito y circunstancia. José Luis Chilavert. Al cabo, el excepcional deportista de Luque demuestra que, por lo menos jugando él, el de arquero no es el puesto de los bobos. Bobo es el que se lo vaya a creer. ¿O no? *
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