Nos tapó la "ola"
JULIO CIFUENTES
Del minuto uno hasta el noventa todo tipo de sensaciones se vivieron dentro del Estadio por parte del público que llegó para presenciar un triunfo celeste. Después de algunos minutos de nerviosismo e incertidumbre, tras el gol de Federico Magallanes, todo era alegría para la afición uruguaya: al final del primer tiempo nosotros ganábamos y Brasil no podía con Chile, por lo que quedábamos cuartos en la tabla de posiciones, a un paso de clasificar directamente al Mundial.
Los goles de los brasileños empezaron a entibiar los ánimos en el Centenario, que sufrieron el golpe de gracia cuando anotaron los colombianos. Con esos resultados quedamos quintos y complicados, lo que motivó la desazón de los 65.000 asistentes, que se retiraron con la desilusión pintada en sus caras.
A los 22′ del segundo tiempo, cuando el partido parecía dominado por los charrúas, en la Tribuna Colombes se inició la ya tradicional «ola» humana, nacida en el Mundial de España 1982, festejando el triunfo. La ola alcanzó a recorrer tres veces las tribunas, y apenas se cortó, llegó el remate de Valentierra que provocó el empate, a la postre definitivo.
Bien podemos reconocer que el empate cafetero, esta vez, nos sorprendió «en la cresta de la ola».
En todo momento, desde los cuatro costados la hinchada jugó su partido, alentando a los futbolistas celestes; el «soy celeste» sonó fuerte varias veces, algunas veces nacido en la tribuna Amsterdam y otras en la Colombes, teniendo un tibio apoyo de la Olímpica, y como siempre casi nulo en la América. También se escuchó luego del gol celeste el cántico «Opa, opa, afuera de la Copa» dedicado a los colombianos, y varias ovaciones, entre las cuales las mayores fueron para el ingreso de Javier Chevantón, y en apoyo al «Chino» Recoba, en una jugada en que corrió a presionar a dos o tres defensas rivales, dejando gran parte de sus energías en esa acción defensiva.
La parcialidad charrúa, ayer más celeste que nunca, ya que ese color dominó buena parte de las tribunas, resultando un panorama bastante más colorido que el habitual gris con el que solemos vestir, cambió luego del gol visitante su aliento y tranquilidad por críticas hacia Víctor Púa. Pocos minutos después, las críticas se transformaron en insultos, cuando el técnico decidió sacar del campo a Darío Silva, justo después de haber tenido dos acciones de gol. El olimareño se retiró sumamente contrariado de la cancha, pero sin realizar ningún gesto de desaprobación; cuando llegó al banco de suplentes tiró la campera, en claro gesto de bronca.
Faltando diez minutos para terminar la primera parte, el árbitro nos dio el primer gran susto de la tarde cuando corrió hacia el área de Uruguay con su dedo índice señalando el punto penal, haciendo pensar a todos que había cobrado la máxima pena en contra de los celestes. Collina pitó falta técnica de Asprilla y le sacó tarjeta amarilla por simular falta, provocando el suspiro aliviado de los concurrentes.
Con el partido en su etapa más candente, las hinchadas de Nacional y Peñarol jugaron un partido aparte, reclamando los ingresos de Richard Morales y de Fabián Canobbio, respectivamente. Púa dejó contentas a las dos, haciendo ingresar a ambos futbolistas, pero también disgustó a «un pueblo» al sacar a Darío Silva. En lo previo al partido, esta «rivalidad» había quedado de lado y la camiseta celeste parecía estar por encima de la de los clubes: al menos eso demostraron la hinchada de Peñarol y Gustavo Munúa, que intercambiaron aplausos y saludos cuando el meta celeste se dirigió a ocupar su lugar en el arco de la Colombes. *
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