Comenzó la guerra; ahora el objetivo es "pellizcar" un lugar en el Mundial
HEBERT RODRIGUEZ DIAGO
Otra vez le gente acompañó, no defraudó y llenó el estadio. Quizás muchos contando las monedas para poder pagar la entrada, pero con el sentimiento que mandaba que se debía estar. Otros, la mayoría del país, lo siguió como pudo a través de los televisores, con la bandera en los hombros y la familia reunida. O en algún bar con los amigos y alguna «caña» de por medio, en el medio de las discuciones y comentarios que casi no dejaban escuchar el relato. Todos hicimos fuerza y cumplimos con nuestra tarea de transmitir una onda positiva de apoyo, que creo llegó a los jugadores en lo previo del partido.
Lamentablemente la respuesta de los actores no fue la misma, pues los rostros duros, cansados y amargados del público, luego de las 18 horas de ayer, demostraban preocupación. Se escapó una chance de ganar, asegurar el quinto puesto y tener posibilidades reales de pelear por la clasificación directa en el próximo encuentro frente a Ecuador. Ahora comenzó la guerra sin tregua, para trabajar en pos del objetivo de «pellizcar» un lugar en el Mundial.
Intenciones y victoria momentánea
Nervios, tensiones y dientes apretados caracterizaron la primera parte del encuentro.
Luego que pasaron los primeros minutos y se comenzó a ver «las patas a la sota», Uruguay mostró una clara intención de buscar el partido.
Progresó en el terreno y llegó en un par de oportunidades con clara posibilidad de convertir.
Sin embargo, Córdoba, el arquero, e Ivan López, que trancó justo a Tais en el último remate, impidieron la apertura en el marcador.
Los celestes, que jugaron con línea de tres en el fondo, progresaban por los laterales con Guigou y Tais, lo que permitió un mayor espectro ofensivo. Magallanes le imprimió velocidad a las cargas celestes, pero estuvo demasiado acelerado a la hora de defender, lo que lo obligó a una tarjeta amarilla, varias faltas y que fuera sustituido en el entretiempo. Collina le «perdonó la vida»; estuvo a punto de expulsarlo.
De todas maneras «el Pelusa fue uno de los mejores y el que más cerca estuvo de abrir el marcador, cuando un remate libre de Recoba obligó a Córdoba a rebotar el balón, Tais apareció por derecha y envió un centro al área, que Magallanes tomó de «chilena» y pasó a centímetros de la valla.
Darío Silva se batió contra los defensas, pero no encontraba la pelota bien jugada. Uruguay tenía más intenciones que Colombia, que no llegó casi al arco de Munúa en la primera parte.
Finalmente el asedio celeste, apretando en todos los sectores, dio sus frutos en el minuto 34, luego de un tiro de esquina, en el cual para sorpresa de todos, Collina sancionó penal, cuando Yepes tomó a Montero de la camiseta y lo derribó dentro del área. Magallanes no dudó y tomó la pelota debajo de su brazo, mientras los colombianos protestaban.
Miró a Córdoba, inició una firme carrera que terminó en la explosión del Centenario cuando batió al afamado arquero.
Uruguay se fue al descanso ganando, pero el saldo de la primera etapa dejó que Pablo García no encontró su ritmo y Recoba no podía desnivelar.
Sentimiento de impotencia hacia le final
En el entretiempo, los comentarios del partido se mezclaban con las informaciones de que «comenzó la guerra, Estados Unidos atacó Afganistán».
Pero la gente estaba metida en el partido y la suerte de afganos y americanos no era la preocupación fundamental.
Un sentimiento de tranquilidad predominaba, pues Uruguay ganaba y se podía esperar algún gol más que confirmara la victoria y agrandara las esperanzas de clasificar directo al Mundial.
Además los oídos estaban puestos en el partido de Brasil, que cuando finalizó el primer tiempo empataba con Chile. Todo venía bien para Uruguay.
Sin embargo, Colombia ingresó con una actitud ofensiva en la segunda parte que sorprendió a Uruguay. Tomó la pelota y era muy difícil poder encontrarla para el equipo de Púa, que tuvo una variante y le dio ingreso a Chevantón por Magallanes. El partido se planteó distinto y ahora el local muy recostado en su campo, agazapado, esperaba la posibilidad de un contragolpe.
Darío Silva lo tuvo, pero Córdoba volvió a tapar el mano a mano.
Colombia era más y a los 16 minutos Valentierra remató desde lejos y la pelota se fue rozando el parante derecho de Munúa. Un aviso de lo que haría 7 minutos después, pero está vez por alto, cuando colgó en el ángulo la pelota, luego de rematar otra vez desde fuera del área.
El bajón, otra vez a empezar de nuevo, aunque el empate no era trágico para Uruguay en la chance de asegurarse el quinto puesto, pero la gente quería ganar. No fue al Estadio para ver a la Selección empatar.
Púa ensayo otra variante y recibió la reprobación del estadio, cuando sacó a Darío Silva para poner a Richard Morales. Justo un minuto antes, el mismo Silva, en una jugada espectacular, de «chilena» estuvo a punto de convertir cuando la pelota se fue apenas desviada.
El partido bajó en voltaje y se hizo parejo, en algunos jugadores celestes comenzó a notarse el cansancio y el ritmo decayó. Colombia tuvo la pelota y manejaba el partido y el volante Bolaño era el dueño del partido.
Dentro de este panorama, Pablo García levantó la producción y se notó más en la media cancha, Gonzalo De Los Santos colaboraba acertadamente, pero Guigou no aparecía y poco era su aporte en el complemento. El cambio estaba «cantado» y la gente así se lo marcó al técnico. Era la hora de Canobbio por el hombre de la Roma. Pero ya los adversarios tenían el partido dominado y sólo un cabezazo de Morales por encima de Córdoba y que salvó en la línea otra vez Ivan López, fue lo más peligroso hasta el final.
No es el quinto puesto lo que merece Uruguay
El italiano Collina, de buen arbitraje, pitó el final y la amargura ganó a la gente. Pues nuevamente observó una selección sin respuesta agresiva para jugar los úlimos diez minutos del partido. No terminó «apredeandole el rancho», como se supone que la historia manda. Fue raro, Uruguay se fue desvaneciendo a medida que los minutos avanzaron, para terminar lánguidamente el encuentro.
Es increíble, la gente no tuvo la posibilidad de ver un buen partido celeste en el Centenario, pues las mejores actuaciones fueron en el exterior, sólo pudo a través de la televisión. Y en el partido que se le ganó a Brasil, terminamos pidiendo la hora y sufriendo; en aquella oportunidad sólo quedó el sabor de ganar.
Uruguay ahora peleará por la limosna del quinto puesto y después verá si le puede ganar a Australia, algo que no es compatible con la historia del fútbol uruguayo.
No se puede remitir todo a la clasificación o no. Es como que si clasificando en el repechaje el honor está salvado. Para algunos sí, pero para otros que nos criamos empapados en la mejor historia del fútbol uruguayo, si eso pasa deberíamos ir sin festejar, con la cabeza gacha demostrando humildad y respeto, sabedores de que no es lo mejor para la camiseta celeste.
Esta selección es inestable, mediocre, tiene altos y bajos. Se termina la eliminatoria y no encontró todavía el fútbol y el ritmo para poder clasificar. Entonces, lo que estamos viviendo y la angustia de la gente por saber si la limosna del quinto puesto nos permite clasificar, es el merecido premio por la actuación en este torneo que duró dos años.
Tenemos lo que merecemos y eso que todavía queda Ecuador y Argentina.
A partir de ayer debe comenzar la guerra, con el objetivo de «pellizcar» un lugar y ver si podemos ir en la cola del avió
n a Corea y Japón. Aunque jugando así, no sé bien para qué queremos ir. Pero eso lo discutiremos después, cuando termine la eliminatoria. *
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