LO QUE SE DECIA HACE TIEMPO: FUE UN PARTIDO DE COPA

Se olvidaron del fútbol y todo fue lucha y confusión

PENAROL 0 BOCA 0

Peñarol y Boca Juniors se marcaron a ultranza, los dos se movieron tratando de aprovechar el error del adversario como única vía para llegar al gol. A los 10 minutos comentábamos con un compañero que el partido tenía «una pinta bárbara de 0 a 0″. Y eso fue lo que sucedió, por encima de algunas jugadas aisladas que pudieron desembocar en gol, como esa del final cuando Elduayen dio otra muestra de su arrojo y valentía al tirarse a los pies de Barros Schelotto.

Peñarol jugó en forma totalmente equivocada. Siempre apeló al pelotazo para un Franco que estuvo totalmente solo arriba, condenado a pelear balones divididos entre varios rivales, con la lógica consecuencia del fracaso. Pacheco, que debía acompañar sus movimientos, no pudo conectarse casi nunca con el moreno delantero y entonces el equipo quedó cortado, porque además Cedrés adoptó una posición muy retrasada, trabajando en la media cancha intentando salir de atrás como lo hace habitualmente Bengoechea, con lo que perdió gravitación en la ofensiva aurinegra. Atrás no hubo problemas porque el conjunto argentino tampoco fue un dechado de virtudes atacantes, con lo que el trámite se hizo pesado, aburrido, para colmo de males dirigido con absurda complacencia por el brasileño Carlos Simón, delante de cuyas narices se golpearon de ambos lados con vehemencia digna de mejor causa.

Ese tiempo inicial quedará en el recuerdo como uno de los espectáculos más pobres de los últimos tiempos.

En el complemento hubo algo más de vibración, pero no fue porque se mejorara en aspectos futbolísticos sino que, aún a los tropezones, los aurinegros se tiraron a ganar el partido, lo que hizo que se abrieran algo en retaguardia, generándose un ida y vuelta totalmente desordenado entre la estéril ofensiva carbonera y los imprecisos contragolpes xeneizes. Recordamos un gol que se perdió el mellizo tirando alto desde buena posición, un despeje fallido de Bermúdez que casi se mete en su arco, otro remate imperfecto de Navas y la acción final ya narrada en la que Elduayen salvó a su valla. Muy poco en un encuentro disputado con «el cuchillo entre los dientes», con el fútbol olvidado en un rincón, al estilo de los tristemente recordados «partidos de Copa», un término con el que se justificaba cualquier argumento que se utilizara para llegar a un resultado positivo. Anoche regresó el fantasma de esas luchas reñidas con el fútbol en sí. De la refriega salió con ventaja Boca Juniors porque en la Libertadores siempre es importante sacar un empate de visitante.

En el orden individual, en el equipo uruguayo sobresalió el empuje y decisión de Guillermo Giacomazzi, que trabajó a destajo en la media cancha y tuvo fuerzas para tirarse arriba invadiendo por la derecha, encontrando escaso eco en sus compañeros de avanzada. Ya apuntamos la acción decisiva de Elduayen y merecen destaque la solvencia de Cafú por su lateral, la fuerza de Darío Rodríguez en el otro costado, el trajinar de De Souza, algunas veces al borde del reglamento, y las maniobras de Pacheco, que aunque aisladas, dieron la sensación de ser las únicas que podían dar dividendos en el arco argentino.

Boca Juniors tuvo en la seguridad del colombiano Jorge Bermúdez una columna defensiva, bien acompañado por el arquero Córdoba, de escasa pero bien realizada tarea, y de los otros defensores, Samuel y Arruabarrena. Algo en la zona media del veterano Basualdo y de Traverso, estando los demás en un plano deficitario.

Un partido para olvidar rápidamente… si es que se puede. Otra vez fueron defraudados 50.000 hinchas, que fueron a ver un clásico del Río de la Plata con muchísima y rica historia, pero con un pobrísimo presente.

Guillermo Giacomazzi intenta escapar a la marca del vasco Arruabarrena que lo toma del pantalón, mientras que Fernando Navas observa la jugada desde atrás.

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