Los papales no están en condiciones de hacer planteamientos diferentes
por Juan H. Alfonzo
Hemos oído y leído algunas críticas sobre la figura táctica que expuso Bella Vista en los dos partidos que jugó y perdió como visitante por la Copa Libertadores de América. El origen de esa disconformidad se basa en que, tanto en La Paz frente al Bolívar, como en Belo Horizonte ante el Atlético Mineiro, estando ya en desventaja y en inferioridad numérica, en los minutos finales el equipo lanzó ataques profundos que estuvieron cerca de darle el empate, lo que crea la incógnita sobre lo que pudo pasar si el elenco uruguayo hubiera sido más audaz desde el principio.
Pensamos que lo de Sergio Batista, el actual conductor de los papales, debe tener dos lecturas. Una, el hecho concreto de tener un conjunto en formación, al que se debió hacer incorporaciones en todas sus líneas, que no han tenido tiempo de amoldarse a un esencial juego de conjunto, por la sencilla razón que varios de esos nuevos elementos llegaron al club cuando la competencia era inminente y en condiciones físicas y futbolísticas que distaban bastante de ser las ideales. La otra radica en una vieja discusión sobre cómo hay que encarar la disputa de encuentros de este tipo cuando se es visitante. En este caso, creemos que la segunda lectura está condicionada por la primera. No se puede ser audaz al extremo cuando no se tiene el funcionamiento elemental para que el equipo tenga el equilibrio que es vital en un deporte colectivo como el fútbol. Entonces, a esta altura de la preparación que ha llevado a cabo el entrenador argentino, dentro de la competición a dos frentes que encaran los de Olivos, nos resulta entendible que arriesgue poco, máxime cuando se participa en un grupo que todos fuimos contestes en calificar, antes de su comienzo, como extremadamente difícil.
Por otra parte, no podemos dejar de lado que Bella Vista ha salido a jugar a dos sitios de los que generalmente los visitantes se retiran perdidosos, algunos de ellos por goleadas. La Paz, con la altura que condiciona todo porque los locales y la pelota vuelan mientras a los que llegan del llano les cuesta encontrar aire para recuperarse después de un esfuerzo, y el «Mineirao», esa estancia enorme de cuyos límites el balón rara vez sale –aún ahora que vio disminuidas sus dimensiones–, con el pasto alto y cansador, y con el estilo de juego brasileño, de hacer correr la pelota y desgastar a hombres como los uruguayos, cuya tendencia a transportar el útil los hace recorrer mucho más terreno a lo largo de un encuentro, con las consecuencias negativas que hemos constatado tantas veces a lo largo de infinidad de cotejos internacionales disputados en la capital del estado de Minas Gerais.
¿CUAL ES LA MEJOR MANERA DE JUGAR?
Analizada ya la situación de Bella Vista y los distintos atenuantes que hemos manejado para comprender su actitud defensiva en los partidos señalados, queda la pregunta de siempre, pero para todos los casos, ¿qué hacemos cuando nos toca ir a esos sitios, nos cerramos atrás y resignamos la ofensiva o planteamos un esquema frontal, de poder a poder? Ya está probado que cuando fuimos a defendernos a ultranza la enorme mayoría de las veces nos ganaron, en el primer minuto, en el medio de la lucha, o en el último instante. Son contadas las veces que sucedió lo contrario y logramos sacar un resultado positivo, una victoria o aún un empate, pese a que éste, con el sistema de tres puntos para el vencedor y uno para la igualdad, es muy discutible aceptarlo como favorable.
El pararse «de tú a tú» como dicen los españoles tiene sus riesgos y la posibilidad de llevarlo a cabo depende fundamentalmente de la capacidad del plantel con que se cuenta y de la fortaleza anímica del mismo para afrontar todas las situaciones negativas que se presentan afuera, en forma de agresividad de algunas hinchadas, jueces proclives a favorecer a los locales, algunas medidas no del todo deportivas que se adoptan en determinados países, etc. Entonces, como saldo nos queda que se necesita contar con el imprescindible poderío futbolístico y anímico para jugar en lugares de altura, en Belo Horizonte o en otras ciudades del Brasil (para nosotros el mejor del mundo por diferencia abismal), para enfrentar de igual a igual a los locales.
No es el caso actual de Bella Vista, con limitaciones ya expuestas, que no le impiden competir con éxito en el plano local, donde las exigencias son totalmente diferentes.
En otros países las condiciones varían y es factible incluso ser ofensivos y ganar con comodidad, como lo probó recientemente Nacional al apabullar al Emelec en Guayaquil.
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