El libro del Picaflor
–Picaflor, marchó con la designación del nuevo presidente del Colegio. Usted que es el hombre de las primicias, esta vez perdió por goleada.
—Son las reglas de juego. En esta profesión se gana y se pierde. La tranquilidad del plumífero es que, comparativamente, con la competencia, son más las veces que gana que las que pierde.
–Nadie contaba con la astucia de Figueredo, ¿no?
—Fue un golazo de media cancha. Pero detrás de la designación de Matías Vázquez, los clubes también jugaron su partido. El lunes de noche, después de la Asamblea General –a la cual nuevamente le prohibieron el ingreso a la prensa– el Picaflor conversó largo y tendido con la mayoría de los delegados clubistas. Allí, le confesaron que durante la tarde hubo un intenso tráfico telefónico entre dirigentes, procurando acordar un nombre de peso para presentarle a Figueredo.
–No me diga.
—Fue un movimiento sigiloso encabezado por dirigentes muy representativos del fútbol uruguayo. ¿Sabe a quién querían designar en la presidencia del Colegio de Arbitros?
–Como decía el extinto Chiarino, no tengo conocimiento.
—La casi totalidad de los clubes, ponga mucha atención, la casi totalidad de los clubes por no decir todos, habían expresado su voluntad política de postular a Washington Rivero a la presidencia del Colegio. Según le comentaron los delegados al Troquílido, no alcanzaron a formalizar el planteamiento porque Figueredo les ganó de mano, postuló al coronel Matías Vázquez y no hubo reparos a su candidatura.
–¿Rivero aceptaba la presidencia del Colegio?
—De acuerdo a lo que le comentaron al Troquílido, aceptaba con determinadas condiciones. Pero lo más interesante del caso es que clubes como Defensor Sporting que, en un determinado momento, cuestionaron a Rivero en la Mesa Ejecutiva, estaban dispuestos a darle el voto porque lo consideraban un presidente creíble y confiable. Hubo delegados que se tomaron el trabajo de consultar a Nacional y Peñarol porque Figueredo les había manifestado que no lo votaban al «Cacho» y obtuvieron el visto bueno inmediato a su candidatura. Como podrá imaginarse, el presidente de la AUF quedó en off-side con esos delegados porque chequearon personalmente el feeling de los dos «grandes» para con Rivero y comprobaron que la versión Figueredo no coincidía con la realidad.
–¿Y qué pasó con Alvaro Silva?
—La vieja fórmula de siempre: use y tire. Lamentablemente, a Alvaro Silva hubo gente que la usó. Trabajaron durante días su candidatura y a último momento le clavaron el cuchillo por la espalda. Es una pena porque Alvaro es flor de tipo y no se merece este tipo de actitudes… Hubo un delegado en especial que le confesó al Troquílido que en una conversación con Figueredo éste le dijo que a Rivero no lo quería más en su equipo «porque me traicionó».
—¿Cómo?
—Así nomás, sin vaselina. El delegado quedó perplejo con el comentario del presidente sobre Rivero que se jugó todos los boletos por el presidente de la AUF, cuando este viajaba el año pasado por el mundo y llovían las bombas sobre la AUF. «Si el «Cacho» se entera de esto, se muere», le comentó el delegado al Troquílido…
–Entonces llame a Martinelli. *
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