Uruguay, país en el que vivimos y desconocemos

Cuando observamos los shopping, inmensos supermercados, construcciones fastuosas, y ante semejante despliegue me resulta incomprensible conocer a quienes poseen el modo de acceder a estos planos económicos, del nivel de los mejores del mundo.

Con el fútbol, me sucede prácticamente lo mismo, no entiendo quiénes, cómo y por qué, acceden a cargos jerárquicos donde proyectan, dirigen y disponen de un absoluto poder para levantar el pulgar o bajarlo con absoluta impunidad, sin un atisbo de misericordia. Pero lo que resulta peor es el deslinde de responsabilidad por hechos incalificables, plagados de gruesos e intencionados errores.

Mandar puede mandar cualquiera, dirigir sólo los elegidos por inteligencia y capacidad comprobada, pero lo que resulta más sorprendente son los argumentos de quienes prestigian, elogian y califican, a los que a la postre son los favorecidos para orientar este fútbol, más que cansado de «andar en banda».

Ante tantos vampiros parlanchines que han desangrado a nuestro principal deporte, debemos ser recurrentes y decir que desde 1981 no obtenemos ningún título de la categoría juvenil.

Cuando en el pasado fuimos eternos abonados a los primeros puestos, avalados por siete títulos continentales. Sin embargo hay una opinión generalizada del acierto en la conducción de las autoridades de este sector de nuestro fútbol. Pobres de los que disientan con este criterio.

¿Alguna vez se le consultó a Juanillo Aguiar, bicampeón juvenil en Chile 1958, a aquel formidable cuerpo técnico integrado por Walter Brienza como entrenador, el profesor Jorge Trigo, con el inolvidable Carlos Paravis como médico que conquistaron Lima en 1975? ¿O viniendo más acá en el tiempo, Gutiérrez Ponce, hepta-campeón en Ecuador con aquel cuadrazo de Da Silva, Francescoli, Villazán, Berrueta, etc., que le hicieron cinco goles a Argentina en dicho torneo? Estos ejemplos, significativos por su propia naturaleza se pierden en el tiempo, dejando de ser sustanciosos en su propia esencia de experiencia positiva, que nadie rescata, por soberbia o simplemente por ignorancia.

¿Cuál es el resultado de estos modernos sistemas de captación para integrar la selección y desarrollo de nuestro sistema juvenil?

Sin duda alguna difieren notoriamente de las consecuencias de los campeones anteriores, estos jugadores forjados a impulsos físicos se diluyen cuando vuelven a su medio natural. Extrañan las condiciones anteriores, programas de largas concentraciones, nutrición adecuada, descansos y entrenamientos controlados. ¿Esto no se debe hacer?

Todo lo contrario, lo normal es hacerlo para obtener los resultados.

La regla general desemboca en los resultados no deseados, sorpresivos por lo negativos, cuando las expectativas exceden el poco sentido común con que algunos alborozados resultadistas le ponen los cargadores a la afición, que es en definitiva la que sufre estas tremendas decepciones, como la sucedida frente a Venezuela… *

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