Otro serio contratiempo en la preparación celeste
Las cosas se complican en gran medida para la selección nacional. Las últimas novedades provenientes de Europa, con más precisión desde Italia y la UEFA, perturban los planes que el cuerpo técnico celeste tenía previsto para los días previos al debut en las eliminatorias, a llevarse a cabo el próximo 29 frente a Bolivia en el Centenario. Sorpresivamente, los italianos, que tenían decidido jugar una etapa el día 20 y dejar libre el siguiente fin de semana, determinaron disputar otra el 24, por lo que los futbolistas que deben viajar a defender a los representativos de sus respectivos países, sólo podrán embarcarse el 25 y llegar el 26, a tres jornadas del encuentro. La reacción de la Confederación Sudamericana no se hizo esperar y una nota redactada en severos términos fue enviada al máximo organismo del fútbol europeo. La FIFA se reunirá el próximo 23 en Zurich y allí habrá un espinoso debate sobre el tema, pero ya será tarde para solucionar las cosas. Está clara la intención de los dirigentes del viejo continente de presionar para cumplir con su declarado propósito de ceder a los jugadores sólo 48 horas antes de cada compromiso y por eso eligieron esta fecha para plantear el problema, cuando se está a pocos días del comienzo de las eliminatorias.
Para Uruguay, las primeras derivaciones implican la suspensión del partido previsto para el 24 con la selección de Honduras, en el que Daniel Passarella pretendía parar en la cancha al equipo que se medirá con los del Altiplano con la sola excepción de Paolo Montero, que por compromiso anterior de la Juventus no podía estar presente. No podrá ser. Debido a la medida adoptada por la Liga del Calcio, ni el capitán, ni Alvaro Recoba, ni Fabián O’Neill, ni Diego López, ni Gustavo Méndez, estarán en Montevideo a tiempo. También habrá que ver qué sucede con España, que todavía no se ha manifestado, manteniendo por ahora la fecha del 20 como la de la última jornada antes del pequeño receso. De todos modos, aunque Italia quede sola en su posición –no lo creemos porque ésta es una maniobra inspirada por el famoso G-14, el grupo de los clubes más poderosos de Europa–, lo cierto es que el encuentro contra Honduras no tiene razón de ser si en el mismo faltan varios titulares.
Los contratiempos para esta selección uruguaya resultan increíbles. Se pretendió –por lo menos eso es lo que se dijo y se sigue afirmando– concretar la realización de un proceso coherente, ordenado, en el que se le brindara al entrenador todas las comodidades para el desarrollo de su tarea, y si bien eran conocidas, y admitidas por todos, las dificultades que se afrontarían para formar una selección cuya mayoría de integrantes milita en el exterior, nunca se pensó que sólo se pudiera jugar una cantidad ínfima de partidos, que amistosos aparentemente seguros quedaran en nada pocas horas antes de su realización –al caso, Rumania–, que la gira de dos partidos en España y/o Italia prevista para febrero, donde el técnico iba a poder convivir y trabajar durante dos semanas con el grupo completo, ya que llevaría algunos elementos del plano local, tampoco pudiera llevarse a cabo, que el cotejo con Eslovaquia, sustituto de la frustrada gira, también fuera anulado a último momento porque esa selección debía regresar de urgencia a su país (después resultó que en la misma fecha jugó en Santiago contra Chile), que luego se hizo un partido con lo que se dijo era el combinado de Hungría (no lo era), hasta que se llega a esta nueva cancelación, aunque en esta oportunidad la responsabilidad provenga del otro lado del océano.
Lo concreto es que la preparación de los celestes ha sido deficitaria y tal vez en grado superior a lo que fueron las anteriores, previas a las dos últimas eliminatorias, que nos dejaron afuera de las Copas del Mundo de Estados Unidos y Francia. Llegaremos al debut ante los del Altiplano con cuatro partidos ante rivales americanos, el último disputado en noviembre pasado, y otro contra un grupo de futbolistas húngaros de segunda categoría. Creemos que es hora de pensar en selecciones con la base de los que juegan en el Uruguay, en la que se puedan mechar algunos elementos que sobresalgan en el primer mundo del fútbol, que serán pocos por supuesto.
En síntesis, como se preveía desde los anuncios de reuniones pasadas del Grupo de «los 14″, se vino el corte y las principales víctimas son los países que aportan mayor cantidad de futbolistas a las instituciones poderosas de Europa, al caso Argentina, Brasil y, en menor medida, Uruguay. Es necesario, entonces, que América toda aúne voluntades para defender lo que ya estaba pactado, que los jugadores estén en sus países cinco días antes de los encuentros oficiales. La lucha será enconada y muy difícil por la razón del artillero, el poder económico, que tanto mal hace, y no sólo en el fútbol.
Si nos ponemos en el lugar de las entidades dueñas de las fichas de los profesionales, debemos aceptar que les asiste razón, que se ven privados durante gran cantidad de días en el año de empleados –no son otra cosa– a los que los atienden bien y les pagan mejor, pero lo pactado está para cumplirse y en eso tienen que hacerse fuertes los dirigentes americanos.
Todo este lío lleva a una inevitable conclusión, que es la imposibilidad de jugar las eliminatorias de la forma actual. Son dos años de tira y afloje, en el que todos pierden y nadie gana, pero la principal víctima es el futbolista, sometido a 36 viajes intercontinentales –son 18 partidos ida y vuelta–, realizados siempre luego de esfuerzos importantes, en sus clubes y sus selecciones. ¿Las soluciones? Puede ser la clasificación directa de los campeones del mundo para las rondas finales sin pasar por eliminatorias, lo que convendría a los principales abastecedores de jugadores a Europa y a los países de ese continente que tienen en sus filas a la mayoría de los mejores elementos. Podrían ser los mundiales cada 2 años, como pretende Blatter. Podría volverse a las eliminatorias de antes, por grupos, que se hacían en dos meses durante el receso europeo. En fin, es necesario encontrar la manera de evitar conflictos como éste, que hará temblar los cimientos de la cumbre del fútbol cuando el próximo 23 se reúna la FIFA, con posiciones absolutamente encontradas de todos los asistentes.Daniel Passarella ante una encrucijada: los jugadores de Europa vendrán sólo 48 horas antes de cada partido.
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