El libro del Picaflor
–Picaflor, ¿qué novedad importante hubo anoche en la Asociación?
–La más simpática, que llenó de felicidad a todos los funcionarios, fue el advenimiento de Giuliana San Cristóbal, que pesó tres quilos y medio y vino al mundo en Cima España… La tierna Giuliana, es hija de César, funcionario de la empresa de vigilancia que presta servicios en la AUF, que está como perro con dos colas por el nacimiento de su pequeña hija. El Picaflor, enterado de la nueva nueva, encaró al gerente general, contador Fernando Sureda y le dijo que la Asociación se tenía que poner como correspondía en la emergencia. Usted me entiende, ¿no?
–Hay que liberar a los cocodrilos, contador.
–El plumífero confía en que la Asociación va a estar a la altura de las circunstancias.
–Además del nacimiento de Giuliana, ¿qué otra noticia surgió en la calle Guayabo?
–Por primera vez, se reunió la Sala de Abogados para estudiar el problema del Museo del Fútbol que tiene muy caliente a los neutrales, al contador Sureda y al presidente de CAFO, doctor Luis Castillo. Quieren llevar el tema hasta las últimas consecuencias y para ello, delegaron en la Sala de Abogados el tratamiento del espinoso tema. De acuerdo a lo que investigó El Picaflor, a prima facie, no habrían encontrado elementos contundentes para presentar una demanda penal como se había pensado en primera instancia.
–Entonces no hubo dolo, como afirmó la Asociación.
–De acuerdo a la información que recopiló el Troquílido, los abogados no habrían encontrado elementos para presentar una denuncia penal contra los responsables del inventario del Museo del Fútbol. En cambio, habrían sobrados motivos para iniciar una demanda civil, muy importante, por la comercialización de información que habría surgido del inventario realizado. Hacia ese norte se encaminaría el trabajo de la Sala de Abogados…
–Perdóneme, el Ejecutivo no inició una investigación administrativa interna, para deslindar responsabilidades.
–Aún no. Al menos, El Picaflor no tiene conocimiento que ello ocurra. Lo que sí le reiteraron al plumífero es que los responsables de realizar el inventario, sostienen que ellos fueron autorizados por CAFO para realizar el trabajo, por lo que no han violado ninguna norma legal. En otras palabras, están tranquilos. Sin embargo, uno de los abogados que está trabajando en el tema, le adelantó al Troquílido que existen responsabilidades en materia civil por la comercialización de información que forma parte del acervo del Museo del Fútbol, propiedad de la AUF, para lo cual ésta no dio ninguna autorización para la venta de la misma. «Una cosa es que CAFO haya autorizado la realización del inventario y otra es que se comercialice información del Museo. Y lo que es peor, esa venta se está haciendo a través de Internet y CAFO aún no ha recibido los resultados del inventario», señaló un miembro de la Sala de Abogados al plumífero.
–Troquílido, ¿el Museo del Fútbol está habilitado al público?
–No diga pavadas. Pese a que el año pasado, el Consejo Ejecutivo emitió un comunicado informando que el Museo del Fútbol funcionaba los fines de semana y días de partidos, con el propósito de descalificar una información brindada en esta misma columna, la verdad de la milanesa es que está cerrado. Lo reinauguró el presidente de FIFA el 30 de marzo de 2000 y lo cerraron a los pocos días, para cederle a Tenfield, parte del acervo para una muestra que se realizó en el LATU, en el marco del homenaje del centenario de la AUF. Lo lamentable es que el Museo sigue cerrado y no hay indicios que el mismo reabra sus puertas próximamente. Esto, en el fondo genera en los dirigentes un mea culpa porque mientras el Museo está cerrado, empresarios privados explotan comercialmente parte de su acervo. *
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