El libro del Picaflor
–Picaflor, ¿cómo estuvo el cierre de la semana en la Asociación?
—Tranquilo, como gato de boliche. El presidente trabajó en su despacho, el doctor Almada también hizo méritos, se llevó trabajo para su casa pero la jornada terminó próximo a las 20 horas.
–¿Ninguna novedad?
—Bueno, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa, como dice Kesman.
–¿Por qué dice eso?
—La Mesa Ejecutiva de la Segunda División Profesional volvió a reunirse con los delegados porque está preocupada por el escaso interés que han mostrado las instituciones para vender la «Chequera de la emoción», que permite, por $ 350, adquirir las entradas para todos los partidos del Clausura, con derecho a ingresar con un acompañante. Además, los clubes tienen la posibilidad de participar en sorteos de una computadora, 2 pasajes para acompañar a Uruguay a Perú o Ecuador, 50 camisetas oficiales de la selecciones o 50 chequeras a elección del favorecido. Pese a que el 70% del valor de los abonos será otorgado a los clubes –que son los que recaudan directamente el dinero y pueden hacer el descuento de su comisión–, no han mostrado interés en la venta del producto. Y esto tiene muy preocupado al presidente Ovidio Cabal, que quiere darle una mano a las instituciones porque se da cuenta de que cada día que pasa tienen más dificultades financieras para afrontar sus compromisos.
–Esto sí que es grave, ¿no?
–Lo que pasa es que los dirigentes de la «B» están con el plafón bajo porque no hay partido que no arroje déficit. La excepción a la regla son los superavitarios. Hay que estar en el pellejo de ellos…
–Parece que la situación de Rampla Juniors nuevamente es desesperante.
–Los dirigentes «picapiedras» están como Marta Sánchez, «desesperados», pero tienen sobrados motivos para ello. El ex técnico Miguel Del Río no se baja del caballo y se niega a refinanciar la deuda (unos U$S 22.000) que Rampla mantiene con él. Según investigó el Troquílido, el técnico sólo acepta refinanciar la deuda si los dirigentes avalan la misma con su patrimonio.
–Parece razonable, ¿no?
–Esa es su opinión. Los presididos por el doctor Corbo no están dispuestos a aceptar esa condición del entrenador. El presidente de Rampla ha dicho: «Mientras yo sea presidente, no voy a permitir que ningún dirigente arriegue su patrimonio para pagar deudas de Rampla. Las deudas del fútbol las tiene que pagar el fútbol». Por lo tanto, si no aparece el dinero, los «Picapiedras» no van a jugar el Clausura… Casualmente, Rampla Juniors y Progreso levantaron anoche los abonos para intentar hacer unos mangos con el cupón de la alegría.
–Cada día me convenzo más que el final del fútbol uruguayo está muy cerca.
–Basta otear la otra orilla del Río de la Plata para comprobar que la muerte está a la vuelta de la esquina. Si el fútbol argentino está a punto de quebrar porque es insostenible, qué deja para los clubes uruguayos que venden 300 entradas por partido. *
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