El libro del Picaflor
–Picaflor, ¿qué me dice del cuarto puesto de Uruguay en la Copa América?
–Excelente actuación de los dirigidos por Víctor Púa. Como dice el aviso publicitario: «Nunca antes nadie hizo tanto con tan poco».
–Troquílido, ¿usted sabía que el juez que eligió Figueredo para el partido contra México era acreedor de la AUF?
–¡Cállese!…
–Pero esto es joda, plumífero.
–Pinta de cuerpo entero la desidia de algunos –no todos– dirigentes que gobiernan el fútbol uruguayo. Pensar que cuando los chicos de Divina Comedia impusieron coercitivamente el contrato leonino que llevará, inexorablemente, a la extinción de varios clubes profesionales, dijeron que votaban a favor porque esta gente era del fútbol e iba a administrar mejor que nadie los intereses del balompié nacional. Figueredo se llenó la boca diciendo que el colombiano Ruiz no le iba a arbitrar más a Uruguay en la Copa América por su pésimo arbitraje contra Costa Rica y después pidió a la CSF que le nominaran a Angel Sánchez, el mismo juez que, dos años atrás, la AUF se negó a pagarle el viático cuando se suspendió un amistoso de la Selección contra la propia selección de México.
–No, no, no podemos ser tan ingenuos.
–Pero es verdad… Angel Sánchez vino a Montevideo el jueves 24 de junio para dirigir el amistoso Uruguay-México. Los aztecas inventaron que llovía en Foz de Iguazú, donde estaban alojados para jugar la Copa América 99 y no vinieron, porque prefirieron quedarse en la frontera brasileño-argentino-paraguaya, disfrutando del clima tropical. Sánchez se pagó de su bolsillo el pasaje en avión, llegó a Montevideo y se enteró que el partido se había suspendido. El viernes 25 de junio concurrió a la AUF con el propósito de cobrar el viático de U$S 400, tres días de viáticos (U$S 450), más el pasaje y los gastos de traslados (en total eran U$S 1.080) y se encontró con la negativa de los dirigentes de la AUF, que sólo querían pagarle U$S 400.
–¡A ese juez eligió Figueredo para el decisivo partido con México!
–Sí señor… Volviendo a la historia. Angel Sánchez, después de haber mantenido una ácida discusión con el contador Ricardo Rodríguez, que se negó a pagarle los U$S 1.080 –así se lo ordenaron los mismos neutrales que hoy gobiernan la AUF–, regresó a Buenos Aires y denunció el hecho ante la Asociación de Fútbol Argentino. Según relató a la prensa uruguaya (El País, 29-7-1999), «lo que más me dolió fue que la persona con la cual traté (el contador Ricardo Rodríguez) dudó de la cantidad que le quiso cobrar por el pasaje (U$S 150) y me pidió que le mostrara el billete, dándome a entender que yo le quería cobrar más de lo que efectivamente, pagué. Se lo mostré con una bronca bárbara», relató el juez argentino al colega José María Bello.
–Con razón los jugadores uruguayos se quejaron que Sánchez no los trató cordialmente dentro del campo de juego.
–Y con la calentura que debe tener todavía del «clavo» que le dejó la AUF, ¿a quién se le podía ocurrir que Angel Sánchez iba a ser el árbitro ideal para el decisivo partido con México?…
–A Figueredo.
–¡Pobre fútbol uruguayo con estos dirigentes! *
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