Bogotá, la ciudad alta con aroma a café

La altura a la que se encuentra la ciudad de Bogotá es de 2.600 metros e indudablemente que cuando apenas se ha arribado se siente el fenómeno del cambio. La temperatura es inferior a la de las ciudades que antes visitó Uruguay, y por las noches refresca bastante. La fatiga se acentúa cuando uno hace un esfuerzo superior al normal. De todas maneras, es una ciudad muy grande y bella que cuenta con 6 millones de habitantes. Tiene una zona norte residencial espectacular, donde se encuentran los grandes centros comerciales de superlujo. Comprar allí algunos artículos resulta más caro que en Uruguay. En la zona Sur se encuentran los barrios más humildes. En el centro se encuentran muchas plazas y espacios verdes, con parques combinados entre los grandes edificios y hoteles. Tiene amplias avenidas y autopistas, en una extraña combinación de puentes, viaductos y túneles.

Los días de semana el tránsito es muy pesado y se producen grandes atascamientos, y cuentan con un parque automotor bastante moderno. La seguridad, debido a la delincuencia, es uno de los temas más preocupantes y al igual que en Medellín, otra de las grandes ciudades de Colombia, la zona alta del norte es donde se encuentran los mejores restaurantes y discotecas, allí la vigilancia policial es permanente, con efectivos y patrullas fuertemente armados. Un denominador común en Colombia es que la noche finaliza muy temprano, los más audaces mantienen sus locales abiertos hasta las tres de la madrugada. Pero lo normal es que se cierre a la una, lo que significa que la juventud sale a bailar a las ocho de la noche, previo paso por los lugares para cenar o tomar una copa con amigos. Las montañas que rodean a Bogotá son el toque final del paisaje de una ciudad que mezcla lo moderno de la city capitalina con la pobreza de las villas que trepan a las mismas en pequeñas casas de color ladrillo entre calles de tierra y un ritmo urbano de millones de personas que intentan convivir con un miedo constante a la violencia.

Ayer se convocó a que la gente festejara con pañuelos blancos desde tempranas horas del domingo, como símbolo de la tan anhelada paz, que por lo que pudimos observar aún se encuentra muy lejos. Bogotá, con aroma a café, se brinda abierta para aquellos que desafiando las noticias trágicas antes del comienzo de la Copa América igualmente llegamos para compartir y difundir el máximo torneo de selecciones del continente americano, el más viejo del mundo. *

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