Los aurinegros juegan a la quiniela y siempre sale Pandiani a la cabeza
Volvió a triunfar Peñarol y la explicación del porqué es la misma del partido anterior, cuando se impusiera a Danubio: tiene a Walter Pandiani. En un encuentro que comenzó ganando cuando sólo iban tres minutos de juego (tiro de Bengoechea que desvió de cabeza De Souza), el conjunto aurinegro se dejó estar, como si con ese gol ya estuviera todo liquidado. Ante esa franquicia que le otorgaba su adversario, Liverpool trató de recomponer sus líneas, exponiendo claramente todas sus limitaciones ofensivas pero insistiendo, con las corridas solitarias de Néstor Correa y la habilidad a esa altura sin peso del camerunés Didi Kimá, con el apoyo del siempre entusiasta y solidario Alvaro Gutiérrez. El primer tiempo fue transcurriendo con esa tónica. Los negriazules disponiendo de la pelota y de la zona central, desflecándose sus ataques por impericia propia y porque en el fondo aurinegro bastaba la solvencia de Marcelo De los Santos para evitarle problemas a Elduayen. Del otro lado, aislados contragolpes carboneros se hacían bastante peligrosos, sobre todo cuando era buscado Pandiani, siempre potente y veloz para aprovechar cualquier equivocación de los zagueros contrarios. Quedó como para destacar un error de Darío Rodríguez, que permitió la invasión del camerunés, que sacó un derechazo tremendo que pegó en el horizontal luego de ser tocado con la punta de los dedos por el arquero mirasol.
Liverpool salió muy decidido al segundo tiempo, con el ingreso de Cetraro por Pacheco, sorprendiendo a un Peñarol estático, que seguía pensando que el 1 a 0 alcanzaba, seguramente procurando reservar energías para el próximo enfrentamiento con Boca Juniors por la Libertadores. Cetraro, un zurdo habilidoso y encarador, se juntó con Didi Kimá, que se mostró más activo, pidiendo el balón y entregándolo con justeza. Se fueron arriba los de La Cuchilla y en una entrada de Tolosa por derecha, De Souza le cometió un penal que el juez Feldman, de muy mal arbitraje, pasó por alto. El partido había cambiado completamente y Liverpool redoblaba esfuerzos por la igualdad, hasta que la misma se concretó, tras un corner de Correa, un rebote y el remate cruzado de Pereira que sometió a Elduayen. Iban 16 minutos y los aurinegros recién cuando vieron anulada su ventaja se dieron cuenta que se les podía ir el partido, aunque todavía duró un rato más el superior despliegue de los de Roberto Fleitas.
Promediando la etapa los técnicos hicieron cambios que fueron indicadores de la intención de cada uno de ellos. En los carboneros ingresaron Giacomazzi y Franco por Romero y De Souza, un volante ofensivo y un delantero por dos mediocampistas. En los negriazules entró un zaguero, García, por un delantero, Simovic. El grande se tiraba a ganar, el chico a mantener el 1 a 1. El encuentro adquirió un voltaje espectacular por la desesperada insistencia mirasol y la no menos titánica defensa de su adversario, que jugó un par de veces peligrosamente al offside, más riesgosa aún esa modalidad ante los errores en las indicaciones de las posiciones adelantadas del asistente Alvaro Díaz.
Pasada la media hora la presión carbonera se hacía irresistible, y aunque la casi exclusiva vía por la que se canalizó ese ataque fue el centro, precisamente por esa modalidad llegó el segundo y definitivo gol, cuando, una vez más, Walter Pandiani salvó a su equipo con un cabezazo impresionante al recibir un corner de la derecha lanzado con su habitual precisión por Bengoechea.
Así ganó Peñarol, arrancando como para golear, dejándose estar al subestimar a su rival para luego sufrir bastante y apelar nuevamente a su salvador, a la carta que en este Apertura ha resultado fundamental para todas sus victorias: Walter Pandiani. Liverpool superó bastante lo que exhibió una semana antes frente a Nacional y, si bien perdió, se debe tomar en cuenta que vendió cara su derrota y fue notoriamente perjudicado por el arbitraje.
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